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Honda conmoción causó en círculos familiares y vecinos del barrio San Miguel, la trágica muerte en Quilpué de Leonor del Tránsito Biott Vidal, de 56 años, y de su hija Jennifer Marcela Araya Biott, de 30, ambas magallánicas.
Madre e hija fueron baleadas por un carabinero en el interior de la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Quilpué, en la Región de Valparaíso, alrededor de las 19 horas del viernes.
El autor de la mortal balacera es el ahora ex cabo segundo de Carabineros (fue dado de baja), Gabriel Páez Hernández, de 36, de dotación de la Cuarta Comisaría de Radiopatrullas y Tránsito. Tras ser detenido en el mismo templo fue puesto a disposición de la justicia. El juez de garantía William Vilches, dispuso su traslado a la cárcel de alta seguridad de Valparaíso tras celebrarse ayer tarde la audiencia de control de la detención y formalización de la investigación ante el Tribunal de Garantía de Quilpué.
El Ministerio Público formuló los cargos por parricidio y homicidio simple en contra de Páez Hernández quien disparó dando muerte a su esposa Jennifer Araya y a su suegra Leonor Biott.
El homicida habría actuado impulsado por motivos sentimentales pues se encontraba separado de su mujer.
En Punta Arenas
El doble asesinato causó un fuerte impacto en Punta Arenas donde viven los familiares de las víctimas.
Tanto Leonor Biott como su hija Jennifer habían nacido en la zona, aunque desde hace dos décadas se encontraban radicadas en Quilpué, luego que el padre de familia Carlos Araya, un funcionario de la Armada, actualmente jubilado, fuera trasladado por razones de servicio a la Región de Valparaíso. La familia era integrada además por un segundo hijo, Javier Araya.
Leonor Biott vivió toda su juventud en el barrio San Miguel. Era la tercera de cinco hermanos. En la ciudad residen Felipe y Ernestina, ex funcionaria del Servicio de Salud. Los otros, Jorge Biott, ejecutivo de una empresa naviera, vive en Puerto Montt y Hernán, en los Estados Unidos.
Su niñez y juventud transcurrió en su domicilio de calle Patagona 1787, donde ahora habita el hermano Felipe, quien quedó a cargo de la propiedad tras la muerte de la mamá María Adela Vidal, cuyo fallecimiento se produjo el pasado 6 de diciembre.
Un familiar recordó que para ese entonces -hace menos de un mes- viajó a la zona la hija asesinada, quien compartió por algunos días con sus parientes. En julio también había venido Jennifer a visitar a la abuela, tíos, primos y sobrinos.
La antigua comerciante Rosario Muñoz, propietaria de un viejo almacén de Bellavista y Patagona, se mostró impactada por la terrible noticia y recordó que a su vecina le perdió el rastro cuando se casó y viajó a radicarse al norte del país.
Pese a ello, dijo una sobrina de la víctima, nunca perdió el contacto con la región ni con sus familiares. Cuando podía viajaba a Punta Arenas, aunque estaba en permanente comunicación con su madre.
Extraño carabinero
Jennifer Araya se casó en noviembre de 2000 con el carabinero Gabriel Páez, y no tenían hijos.
“En la familia no era conocido. Cuentan que era una persona muy extraña y que por lo mismo se habían separado de hecho”, reconoció una prima.
Otro familiar, en tanto, admitió que lo que hizo no tiene nombre, ni menos el autor merece el perdón de Dios, porque además cometió los asesinatos dentro de una iglesia, un lugar sagrado.
Durante la jornada de ayer hubo un constante ir y venir de amistades y familiares en el domicilio de Ernestina Biott, en la población Capremer, donde se encontraban reunidos los parientes directos de las víctimas.
Una parte de los familiares viajará hoy a Quilpué para participar del velatorio y exequias que se efectuarán en dicha ciudad.
Ocurrió en el momento de la comunión
Según El Mercurio de Valparaíso, el trágico hecho ocurrió cuando una parte de los feligreses, de los más de 300 que repletaban la parroquia, recibían la comunión de manos del sacerdote Enzo Salazar -recientemente ordenado el 20 de diciembre- y de ministros de la eucaristía.
La versión periodística agrega que muchos de ellos oraban en los reclinatorios, cuando de pronto, de acuerdo con versiones de testigos, el hombre, que accedió por la puerta lateral izquierda a un costado de la nave central de la parroquia, baleó por la espalda a las dos mujeres, que estaban sentadas a la altura de la sexta banca, junto a otras tres personas, en el costado izquierdo del templo.
El estruendo de los balazos rompió el recogimiento de la eucaristía, dando paso al descontrol y angustia que cundió en cuestión de segundos entre los fieles, que corrieron despavoridos, atropellándose unos con otros mientras los gritos y llantos de niños y ancianos hacían más ensordecedor el terrorífico ambiente que cubrió el sagrado templo.
El agresor, según versiones de testigos, fue reducido por un grupo de fieles, mientras sostenía aún el revólver marca Taurus calibre 38, de su propiedad, quien fue retirado por personal de Carabineros que, en camilla y trasladado con su rostro cubierto hasta una ambulancia que lo condujo hasta el Hospital Naval de Viña del Mar.
Según los testigos, el funcionario policial no articuló palabra antes de balear por la espalda a sus víctimas y vestía un suéter azul marino, un pantalón deportivo del mismo color y zapatillas, y estaba impecablemente peinado. 
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