Hoy se cumplen 7 años del extravío de Ricardo Harex
Harex: revelan datos inéditos
- Ex jefe policial revela vivencias, antecedentes y detalles que en su momento fueron desechados y otros que, probablemente, se encuentran en la carpeta investigativa.
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Por Alejandro Salazar
asalazar@laprensaaustral.cl
Cómo encontrar algo nuevo, un dato interesante, una nueva pista que aportar. Cómo tener la capacidad de ver más allá, de volver en el tiempo y evitar que otra lágrima vuelva a caer del rostro de una madre.
Siete años de silencio, siete años imaginando una y otra vez qué pasó con su hijo, confiando en que la verdad salga a la luz. Sin embargo, una sonrisa, un beso, una palabra, parecen haber quedado suspendidos en algún lugar como si el tiempo se hubiera detenido.
Aquella noche de viernes (19 de octubre de 2001) la tranquilidad se resquebrajó para dar paso a un morboso silencio y a una serie de antecedentes que hasta hoy se mantienen archivados en una carpeta con una significativa identificación: “Caso Harex”.
“Cuando un ser querido desaparece siempre hay espacio para la esperanza”, señala quien participó de la investigación desde el primer minuto en su calidad de jefe de la entonces comisión civil de Carabineros y, posteriormente, de la Sección de Investigaciones Policiales.
El suboficial mayor (r) Reinaldo Hidalgo dice que hoy puede contar muchas cosas, vivencias, antecedentes, detalles que en su momento fueron desechados y otros que probablemente se encuentran en la carpeta.
“¿Hipótesis? Se abrieron muchas líneas investigativas desde lo primero que se manejó, que luego de la fiesta Ricardo partió a la Costanera, que se quedó dormido y que la corriente lo arrastró”.
Cuenta que desde ese momento y a medida que avanzaron los meses surgieron infinidad de especulaciones que, pese a no ser más que eso, igual obligaban a orientar la investigación. El globo a punto de explotar se había convertido en una espada afilada, amenazante y de la cual no estaban a salvo ni anónimos ni conocidos vecinos de nuestra ciudad. Todos eran potenciales protagonistas y testigos.
Se habló que Ricardo había abandonado el país, de una supuesta venganza, de secuestro, rapto (con motivación sexual), suicidio, asalto y cuanta posibilidad fuera parte de la lógica.
Y todo fue investigado, asegura Hidalgo, porque siempre existía un dato, un antecedente y un testimonio que sostenían la hipótesis.
“Aún espero
encontrarlo”
Hidalgo llegó destinado a Magallanes en 1999 y reconoce que la gran frustración de su carrera policial ha sido no resolver el caso Harex. Y gran parte de su decisión de radicarse en Punta Arenas tiene que ver, justamente, a no perder la esperanza de que “alguien, algún día, golpee a mi puerta y me diga esto fue lo que pasó. Compartí muchas jornadas con los padres de Ricardo y ellos saben de mi frustración, como yo de su dolor”.
Luego, reflexiona unos segundos y responde a la consulta. “Hoy, después de tantos años, pienso en que faltó mano dura, apretar un poco a algunas personas que tenían algo que decir”. Inmediatamente argumenta: “Ricardo tuvo un problema al interior del local donde asistía a una fiesta. Allí discutió con alguien y antes de salir rumbo a su casa pasó (a comprar) a la estación de servicio de diagonal Don Bosco”.
Sobre este último paso hubo dos declaraciones coincidentes de testigos, sumándose un dato reciente que indica que un ex compañero del Liceo San José lo vio cuando abandonaba el recinto y enfilaba a pie por Avenida Bulnes. El joven que cruzó saludo con Ricardo iba acompañado de su pareja. Minutos después al pasar en su automóvil asegura haberlo visto detenido mirando hacia la puerta del Club Hípico.
El aporte de
mentalistas
Hidalgo cruza sus brazos y continúa rompiendo el silencio, mencionando uno de los episodios más llamativos y que le dan fuerza a una de las hipótesis.
Mentalistas llegaron desde el norte del país (no la vidente de Chimbarongo que lo hizo posteriormente) y sin conocer antecedentes dijeron ver cómo Ricardo mancha su pantalón con cloro dentro de la fiesta, luego se produce un altercado y él abandona el recinto con una botella entre sus ropas. El problema se prolonga y la botella termina destrozada en el suelo.
Luego los mentalistas perciben su presencia en el Club Hípico, lo ven sobre un automóvil rojo y en un sector cercano al denominado “camino viejo” pasado Tres Puentes.
Ello lleva a las excavaciones en la Casa de Retiro Juan Pablo II, en el sector de Barranco Amarillo y Río Seco, donde incluso se secaron pozos.
“Si me pregunta qué creo, considero válida tal posibilidad. Hubo 4 ó 5 personas que discutieron con Ricardo y que probablemente salieron en su búsqueda. Se les puede haber pasado la mano y optaron por deshacerse del cuerpo. Ninguno de ellos rompió el silencio y luego se desbandaron hacia el norte del país”.
Añade tener claro quiénes pueden haber estado involucrados, conocidos de Ricardo, familias magallánicas que terminaron dejando la zona.
Más aún, luego entrega otro antecedente: “estas mismas personas entorpecieron las diligencias, se acercaban constantemente a requerir información y luego hasta entregaron pistas que más que acercar desviaban hacia otros lados. ¿Nombres?, no puedo dar, porque son parte de la carpeta investigativa”.
Sobre qué faltó por hacer, se excusa de no entregar detalles sobre una diligencia que en algún momento fue planteada, como también el haber contado con un ministro en visita.
Al momento de la despedida, el ex jefe policial reflexiona sobre la esperanza y el dolor, y en el cómo muchas veces los padres de desaparecidos, por muy duro que parezca, prefieren encontrar a sus hijos muertos para así poder cerrar la puerta a una eterna agonía.
Y mientras eso no ocurra, los corazones de Margot y Sergio seguirán palpitando, evitando que el rostro de Ricardo vaya difuminándose y haciendo que su nombre y su historia sigan siempre ahí.
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