Punta Arenas - Martes, 09 de Marzo de 2010

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El otro saqueo

El terremoto derribó no sólo casas, puentes y edificios; también parte del paradigma social de un país en desarrollo que se fue formando durante las últimas décadas en Chile. Porque, como suele ocurrir en todo desastre de la naturaleza, más sufren quienes menos tienen, revelando desi-gualdad; pero no sólo por los efectos inmediatos y directos de la catástrofe, que suelen ensañarse con las construcciones más precarias; también por las carencias y urgencias que asoman apremiantes con el paso de los días. ¿Por qué el edificio Titanium La Portada de Santiago, con 192 metros (52 pisos) el más alto del país, no resultó dañado tras el terremoto? ¿Será porque, en lugar de departamentos para personas de clase media, en él se ubicarán oficinas de grandes empresas? ¿Por esto el escenario de exigencias constructivas se suponen mayores? Porque si algo salta a la vista es que la gran mayoría de los edificios, algunos de ellos de reciente construcción, que experimentaron graves deterioros consecuencia del fuerte movimiento telúrico, son aquellos que ocupaban -pues muchos debieron ser desalojados- familias que con mucho esfuerzo se endeudaron en un crédito hipotecario; también llama la atención la resistencia que exhibieron muchas construcciones antiguas, especialmente donde se ubican reparticiones públicas. A esta desigualdad nos referimos. A aquella que surge de la codicia, de sacar ventaja a costa del menos poderoso. Si en las horas que siguieron al terremoto la comunidad nacional se vio impactada por los saqueos que protagonizaron muchos ciudadanos en la zona del desastre, al parecer nadie puso atención antes a otro saqueo: aquel de la ganancia fácil de empresas inmobiliarias, que de la mano de una ambición desmesurada, se esconde tras un discurso de progreso, que desnuda su peor cara en emergencias como la ocurrida.