Punta Arenas - Viernes, 10 de Septiembre de 2010
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Cacería furtiva

Por:
Alfredo Soto Ortega

Es muy común ver en invierno grupos de gorriones, chincoles, zorzales y tordos que organizándose en bandadas, se aproximan en vuelos rasantes y armoniosos casi al mismo tiempo los virajes son extremadamente coordinados que nos hacen interrogar como ejecutan tal sincronización. Me viene a la memoria cuando en mi infancia también me inquietaba por estos pequeños que circundaban el bosque de la estancia Tres Pasos y me fascinaba por el canto característico de los Pitios, el vuelo desordenado y muy ruidosos grupos de cachañas, el soberbio ronquido de los caranchos, la melodía de falsetes de las bandurrias y el extraño y femenino sonido del caiquén macho y el grave y masculino graznido del caiquén hembra. Todo este mundo alado me fascinaba por tener un contacto, por supuesto no tan digno de contar, porque siempre recorriendo los bosques con mi artesanal honda para “liquidar” algunos de ellos y demostrar mis capacidades de “niño cazador”. La vida me tenía una sorpresa para nunca más agarrar una odiosa honda.
Todo ocurrió en estos campos maravillosos flanqueados por el oriente por la extensa Sierra Dorotea y por el noroeste y oeste propiamente tal un gran circo conformado por el cerro Jorge Montt, cerro Castillo, cerro Campana y cerro Ventana. Ahí mismo perseguí insistentemente un grupo de negros y azabaches tordos que a cada “hondazo” mío ellos cambiaban de lugar haciendo que me desplazara preparado con pequeñas piedras para darle cacería alguno de ellos, en el trayecto me encuentro con un grupo de caranchos que “carroñeaban” una liebre, por lo tanto estaban dispuestos a llegar hasta los límites de lo que significaba tolerar mi presencia de que al parecer por mi estatura no lo consideraban como algo para temer.
Como buen cazador lo primero es apreciar el entorno en donde se posaban los caranchos y estos se encontraban en una zona pantanosa, me di cuenta de esta dificultad pero mis ansias pudieron más y casi fantásticamente pensé que debía correr y saltar, pero los caranchos volarían, por lo tanto decidí tomar una carrera y mientras este en el aire lanzar el proyectil-piedra y tratar de alcanzar uno de ellos… me preparo con las dos manos ocupadas… tomo la carrera y el salto, pero más preocupado de lanzar el proyectil no continúo el salto y caigo en el medio del lugar pantanoso que no era otra cosa que una cuneta en donde se vertía y escurría todas las aguas servidas desde baños y cocina de la estancia… pueden imaginar que no sólo era superficial sino que mi pequeño cuerpo quedó impregnado tanto de los malolientes residuos que al intentar incorporarme me voy de espaldas y quedo prácticamente cubierto completamente de residuos y desechos… ya sin querer saber de caranchos, ni tordos… ni siquiera de mi honda… me pongo de pie nuevamente y me dirijo derrotado hacia la protección y búsqueda de solución de tan indigna experiencia, un baño completo y refriegue con alcohol para evitar contaminación.


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