Encuesta Casen,
epicúreos y estoicos
Por:
Alejandra Mancilla Drpic Periodista Licenciada en filosofía
A los años dorados de Atenas, cuando Pericles gobernaba y la ciudad se iba llenando de monumentos y templos para la posteridad, se siguieron tiempos tumultuosos, de guerras civiles e invasiones extranjeras, que hicieron que las personas se volcaran hacia adentro y cambiaran sus ideales de la perfecta polis por la mera lucha por la sobrevivencia diaria.
Esa nueva etapa se reflejó en las escuelas filosóficas de estoicos y epicúreos, caracterizados habitualmente como polos opuestos y caricaturizados como “resignados impasibles” versus “libertinos desbandados”. Lo que ambos entregaron fueron verdaderos manuales de autoayuda, breves y directos, para vivir lo mejor posible en medio de condiciones difíciles. Tan profunda fue su influencia que hoy todavía están entre nosotros, en nuestros inconscientes, y muchas veces actuamos cono genuinos representantes de una u otra escuela sin siquiera darnos por enterados. Aquí un brevísimo ejemplo de cómo detectar a estoicos y epicúreos a propósito de una noticia reciente.
Luego de los resultados de la comentada encuesta Casen, el pobre estoico aguanta. Tras meses sin trabajo, sin casa ni sopa, sin señora ni hijos que hace rato partieron en busca de un mejor proveedor, se entrega en manos de la Fortuna y no hace ningún intento por resistir sus embistes. “Si esto me tocó, por algo será”, es su slogan. Y así se queda, convencido de que está fuera de su poder cambiar las cosas. Lo único que puede hacer, piensa, es cambiar él mismo y anular sus emociones, para que ningún imprevisto, dolor ni sufrimiento le hagan mella. Si aumenta la brecha de desigualdad en el país, habrá sus razones. Si los ingresos del 10 por ciento más pobre de Chile disminuyen y disminuyen, mientras los del 10 por ciento más rico aumentan y aumentan, alguna sabiduría superior podrá justificarlo.
El pobre epicúreo, por su parte, le hace el quite al dolor cueste lo que cueste. Este es el único mal en su lista, así como el placer es el único bien. Este, sin embargo, no lo entiende como banquetes pantagruélicos seguidos de orgías interminables, sino simplemente como la ausencia de dolor. Esto es lo máximo a lo que podemos aspirar y no es tan difícil de obtener, mientras la salud nos acompañe. Lo que se consideran bienes esenciales son suficientes para conformar a un epicúreo. Por eso, frente a la misma encuesta Casen, agradece que el Estado provea lo que él mismo no puede, y se queda tranquilo en su casa de subsidio, recibiendo las ayudas varias que lleguen desde arriba.
Frente a la pasividad de ambos bandos, me pregunto si no será necesario más bien revivir la mirada comprensiva de platónicos y aristotélicos, que veían ética y política como una sola ciencia con un solo objetivo: la felicidad de todos los ciudadanos. Una nación donde abundan estoicos y epicúreos es fácil de conducir por unos pocos, mientras mantengan a la mayoría sobre un mínimo evitándose así preguntas y quejas. Mejor una nación menos conformista y más inquisitiva, donde los de arriba no se conformen con alcanzar dicho mínimo, sino que trabajen juntos con los de abajo para aspirar a un máximo compartido.
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