En la última sesión del Concejo Municipal, el concejal José Aguilante solicitó realizar un catastro de las casas abandonadas en la comuna de Punta Arenas, centrado en aquellas que se encuentran en peores condiciones y que por lo tanto constituyen un peligro para los transeúntes al estar muchas a punto de derrumbarse. El edil plantea que luego de la identificación de los inmuebles, se debe notificar su demolición a los propietarios de cada uno de ellos para que efectúen los arreglos que sean necesarios.
La inquietud por las casas abandonadas en nuestra ciudad acumula ya varios años. Quizás el ejemplo más recurrido es la ruinosa edificación que se ubica en República con Armando Sanhueza, la que junto con convertirse en refugio para indigentes se ha ido deteriorando de manera sostenida. Y así como ésta, hay varias otras.
El problema con estos inmuebles no es sólo su mal estado, sino que con el paso del tiempo se van transformando en espacios que representan un serio riesgo para los vecinos que habitan en las cercanías, al punto de que estas casas puedan ser escenario de delitos, como efectivamente ya ha ocurrido.
En vista de lo anterior, llegó el momento que el municipio adopte medidas que permitan poner fin a la proliferación de estas casas abandonadas. Una forma de evitar que más inmuebles caigan en esta condición es obligando a sus propietarios a responder por ellos, cursándoles fuertes multas si no mantienen sus propiedades en forma adecuada, con cierres perimetrales que impidan que se conviertan en antros de delincuencia. Si no existe esta preocupación primaria, difícilmente se revertirá en el largo plazo este negativo panorama. Porque además de los aspectos propios de la seguridad y el ornato, está la pésima imagen que presenta la ciudad -sobre todo en el sector céntrico- ante los ojos de sus habitantes y de los miles de turistas nacionales y extranjeros que la visitan año a año.
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