Llevaba diez años sin publicar nuevos títulos por decisión propia: Tras la salida a la luz del poemario “Jardín de relojes”, determinó que simplemente había llegado la hora de retirarse.
Una llama en la vida de Miguel Arteche se había apagado entonces, y otra terminó de extinguirse antenoche, cuando el poeta y Premio Nacional de Literatura 1996 murió a los 86 años a causa de una insuficiencia respiratoria, y tras varias temporadas aquejado de una compleja enfermedad muscular (arteritis temporal).
Sin embargo, una obra que comenzó hace 65 años con la publicación de “La invitación al olvido” (1947), y que desde entonces se desarrolló hasta elevarlo como uno de los principales poetas locales, devuelven hoy a Arteche al lugar que en las últimas temporadas sólo ejerció como observador.
El poeta nació en Nueva Imperial en 1926, como Miguel Salinas Arteche, nombre que invertiría en su primera firma literaria, y que legalizaría décadas más tarde. Su formación no comenzó en las letras, sino en el derecho, carrera que intentó cursar, pero que abandonó en el segundo año.
Ya tenía claro que la literatura era su norte, y a ella se integró formalmente con apenas 21 años, tras unos primeros pasos como escritor en su época escolar. Y durante los siguientes 55 no se detendría: Veinte poemarios, pero también cuatro novelas, colecciones de cuentos y decenas de ensayos completan su obra.
Premio nacional
Toda esa trayectoria fue reconocida en 1996 con la máxima distinción que un escritor chileno puede recibir: El Premio Nacional de Literatura, que obtuvo por unanimidad del jurado.
No ocurrió lo mismo en 2000, cuando desde la nómina de jueces se negó a firmar el acta que entregaba la distinción a Raúl Zurita, acusando que el autor de “Purgatorio” no tenía “oficio de poeta”. Fue uno de los últimos episodios que marcó a Arteche en otro de los roles que cumplió en el mundo de la literatura local: El de polemista.
En ese ámbito, también anotó desencuentros con Nicanor Parra, en quien cuestionó la fórmula de la antipoesía, y con Volodia Teitelboim, sobre quien dijo que había recibido el Premio Nacional debido a razones políticas.
Tras su retiro, no habrían quedado más poemas de Arteche por publicar, según reconoció en una reciente entrevista con La Tercera. Sin embargo, sí habría dos novelas que permanecerían inéditas en el hogar del escritor, donde vivía con su esposa, Ximena Garcés, con quien se casó en 1953.
El matrimonio se produjo mientras ambos estaban en España, donde se conocieron y donde Arteche cursó estudios de literatura, en la Universidad de Madrid.
Luego, el poeta regresaría a ese país como agregado cultural del gobierno de Eduardo Frei Montalva (para quien escribió el célebre himno de la Patria Joven). Esa labor no sería la única que el autor tendría por fuera del ámbito estrictamente editorial: Además, escribió en El Mercurio y Las Ultimas Noticias, fue profesor universitario y subdirector de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (1990 y 1991), entre otros pasos.
También fue miembro activo de organismos como el Colegio de Periodistas y la Sociedad de Escritores de Chile.
Ministro de Cultura
El ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, expresó su pesar por la muerte de Arteche, al tiempo que valoró su figura.
“Se ha ido uno de los grandes de la literatura chilena”, aseguró el secretario de Estado, quien agregó que “nos deja como legado su destacada y prolífica obra, distinguida en 1996 con el Premio Nacional de Literatura”.
Cruz-Coke recordó además que “un año antes, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes lo había reconocido con el premio Mejores Obras Literarias, por su libro de poesía ‘Fénix de madrugada’ “.