Pocos magallánicos menores de 30 años saben que el 22 de mayo de 1982, un grupo de familias de esfuerzo decidió tomarse y ocupar las casas de un conjunto habitacional, hoy conocido como villa Friburgo.
Este proyecto de 168 casas, concebido por los arquitectos Dante Baeriswyl y Danilo Fernández (Q.E.P.D.) había partido en septiembre 1978, y se proyectó en aquel emplazamiento del sector norte, cuando la ciudad llegaba hasta calle Manantiales.
En virtud de ello, un grupo de empleados del comercio y fiscales pagó por su sitio prácticamente al contado, sin ayudas como las que el Serviu aporta hoy en día. Estas familias se agruparon bajo la Cooperativa de Vivienda Estrecho de Magallanes (Coviesma), que se formalizó legalmente.
En noviembre de 1980, la Dirección de Obras Municipales otorgó el permiso de edificación a la villa. El 4 de mayo de 1981 se firmó el contrato de construcción entre Coviesma y la constructora Socone Ltda, que firmó el contrato con Baeriswyl y Fernández.
Todo iba bien hasta ahí. Sin embargo, tuvieron la mala fortuna de dejarlo todo en manos de tres dirigentes, quienes a la postre trataron de perjudicarlos. En un momento, éstos les echaron la culpa a los cooperados que no estaban pagando, “siendo que prácticamente nuestras casas estaban pagadas”, evoca Jorge Espicel Cárdenas, presidente de la junta de vecinos Nº45 Villa Friburgo.
Aparte de ello, estos delegados debían traspasar los dineros cancelados a Comercial Negrete, y al final a los arquitectos se les pagó con cheques sin fondos, estafándose a todos los entes involucrados.
En el trayecto, la separación original entre casa y casa se alteró y al final se construyeron de forma pareadas. Además, se redujeron los metros cuadrados, porque las platas empezaron a faltar.
A costa de los dineros involucrados, incluso los cuestionados dirigentes viajaron cerca de tres meses a Canadá, bajo el expediente de ir a comprar calefacción central para el conjunto habitacional. Además hicieron un loteo “brujo”, el famoso Llau Llau que nunca existió. Las platas que esos socios pagaron para tener su casa propia fueron sacadas y anexadas al loteo Friburgo para que pudieran mostrar a la comunidad una villa, la Friburgo, pero después no les quisieron entregar las viviendas.
Toma “legalizada”
En junio de 1981, se empezaron a construir las casas, que estaban listas en diciembre de ese año. En mayo de 1982, los socios tenían altísimas probabilidades de que esas viviendas les fueran incluso arrebatadas, ya que se tramitaba su traspaso a funcionarios de las Fuerzas Armadas.
Ese 6 de mayo, llegaron al acuerdo en una reunión de vecinos, que la única manera de recuperar sus viviendas, las que veían perdidas -pese a tenerlas asignadas muchos años antes-, era tomándoselas. Claro que estaban súper protegidas, con cerco de alambrado y cinco casetas con vigilantes quienes se decía que estaban armados.
En el último instante, aquel 22 de mayo, lograron recuperar sus casas por la fuerza: “Nos tomamos las casas, nos rodearon los carabineros, no podía salir nadie y al que salía de la casa lo apresaban, así que había orden de que nos quedáramos adentro. Y, a su vez, ellos no podían entrar a la fuerza. Hasta que de repente el coronel (Carlos) Soto Pellizzari (gobernador de la época) dijo: ‘Yo no sé qué están haciendo los carabineros ahí, porque está claro que los asociados están en sus propias casas, ellos son los dueños, por lo tanto ordeno que se retiren’. Y se tuvieron que retirar los carabineros y nosotros respiramos en paz”, recuerda.
Para Espicel, lo que se hizo entonces los enorgullece, ya que eran tiempos difíciles y con una “toma” en esa época podían haber sido acusados perfectamente de terroristas. “Y, de hecho, casi fue así. Pero a Dios gracias hubo gente que entendió muy bien, como el coronel Soto Pellizzari, quien se portó muy bien con nosotros”.
A modo de anécdota, uno de los tres dirigentes de la cooperativa se había quedado con una de las casas esquina mejor ubicadas en Avenida España con Kuzma Slavic, “pero una comitiva de vecinos nuestros se encargó de sacarlo”.
En septiembre de 1982, se declaró la quiebra de la cooperativa Coviesma, estando todos los socios ya en sus casas, y recién el 26 de julio de 1985 se hizo el acto de recepción final de la villa Friburgo a cargo del Ministerio de Vivienda. Esta se hizo con presencia del síndico de quiebras, un representante de la constructora Socone y los arquitectos Baeriswyl y Fernández. La autoridad del ramo fue la que finalmente legitimó por oficio la propiedad de la villa. Los propietarios terminaron de pagar las viviendas a través de la Caja de Empleados Particulares y después pasó al INP.
Vecinos unidos
“Seguimos siendo gente de esfuerzo. Aquí, cerca de nosotros, están la villa El Bosque, villa Zurich, villa Helvecia, villa Cervinia, toda gente que tiene recursos y que no tiene ningún sentido de solidaridad para formar una junta de vecinos y luchar por lo suyo, como lo hacen otras poblaciones”, refiere Espicel.
El dirigente estima que de su sector son los únicos que pueden enorgullecerse de ese sentido de solidaridad y los únicos que tienen una junta de vecinos son ellos.
A Espicel lo acompañan en la directiva: Raúl Naranjo, tesorero; Alexis Muñoz, secretario; Daniel Cárdenas, director; y Héctor Oyarzo, segundo director.
Pese a que no son muchos vecinos, son tan unidos que el pasado 20 de mayo lograron financiar una cena de camaradería en el Centro Hijos de Chiloé, con 135 adhesiones, pese a que un alto porcentaje son vecinos nuevos.