Una difícil situación es la que enfrentan dos grupos familiares que resultaron afectados con el incendio de magnitud que afectó a dos viviendas vecinas del pasaje Leopoldo Ruedas, en la población Pedro Aguirre Cerda, sector sur de la ciudad.
El siniestro dejó reducido a escombros el inmueble signado Nº0279, de Patricia Lincomán Gutiérrez, quien vivía allí junto a su marido Gustavo Vallejos Flores y sus dos hijos Alex y Jocelyn, entre los pasajes Timoteo Pinto y Fragata Fortuna. El grupo familiar no pudo salvar nada de su hogar.
Pese a la existencia de un cortafuego, el fuerte viento contribuyó a que las llamas se propagaran hacia el inmueble contiguo de Leopoldo Ruedas Nº0275, perteneciente a Víctor Cáceres Sotomayor. Aun cuando por el exterior la casa no se ve mayormente dañada, por dentro la situación es completamente distinta, ya que todo el cielorraso fue destruido por el fuego, y el agua que ingresó por arriba ocasionó daños cuantiosos.
La Prensa Austral dialogó ayer con el dueño de esta última vivienda, quien pasado el mediodía recibió la visita de la compañía aseguradora. Cáceres, quien al momento del incendio se hallaba trabajando en Posesión, Enap, mientras sus hijos estaban fuera por sus vacaciones, indicó que esto fue un tremendo golpe para todos.
No volverán
De sus 52 años, él lleva 32 años viviendo en la región luego que se viniera de Viña del Mar. Hoy es un magallánico más, y llevaba nueve años viviendo en el pasaje. Es separado y vive con tres hijas de 21, 18 y 15 años, y un hijo de 7, quienes estudian en la Universidad de Magallanes, Liceo María Behety, Escuela Portugal y Liceo Nobelius, respectivamente.
A raíz de los cuantiosos daños, ya tenía la determinación de que no volverían a vivir allí: “Está todo quemado, aunque tú lo arregles no va a ser lo mismo, aunque hagas una inversión no va a ser lo mismo”. Ayer se abocarían a buscar un alojamiento por 60 días, trámite que ya tenía listo con el seguro, junto con buscar otra casa dónde vivir.
Pese al difícil momento, señaló tener los pies bien puestos sobre la tierra: “Esto es un golpe amargo, un trago amargo, pero hay que salir adelante, no hay que sentarse y llorar sobre la leche derramada. Los daños acá adentro son totales, no hay vuelta que darle. Uno, por el efecto del agua y un montón de cosas. Todos los artefactos están dañados ya que todo se llenó de agua. No hay nada recuperable en esta casa, no hay nada”.
Por otro lado, Cáceres dio gracias a Dios por trabajar en la Empresa Nacional del Petróleo, pues “Enap me está ayudando en varios aspectos”.
En cuanto a la familia de Patricia Lincomán, éstos se encuentran desde la tarde del domingo como allegados en casa de una hermana, y no fue posible contactarlos ayer. Sus vecinos lamentaron que este drama afectara a personas sacrificadas que viven desde que partió la población, por allá por 1990.