Conocí al magistrado Hugo Faúndez López en abril de 1988 cuando comenzaba a dar mis primeros pasos como reportero de Tribunales. Desde su cargo de secretario de la Corte de Apelaciones facilitó nuestra tarea de informar. Lo mismo ocurrió desde su rol de juez del Crimen y posteriormente como ministro de la Corte, en una época donde las actuaciones judiciales se regían por un secretismo inquebrantable, por lo que romper esa muralla demandaba un esfuerzo titánico.
El ministro Faúndez cesó en sus funciones al cumplir 75 años de edad y una destacada carrera de 44 años en el Poder Judicial, de los cuales 24 sirvió tareas en Punta Arenas (los 20 restantes en Osorno).
Hoy, lunes, a las 15 horas, junto a su esposa Yolanda Morales, emprende viaje a su nuevo destino, Viña del Mar, donde se radicará definitivamente dejando en Magallanes dos hijas y una nieta.
- ¿En lo personal cómo enfrenta esta decisión de poner fin a un ciclo?
- “Bueno, ha sido algo obligatorio, no es una cosa voluntaria. Hay que aceptarla nomás”.
- ¿Le hubiera gustado seguir?
- “Creo tener la capacidad para trabajar otros cinco años más, pero hay que aceptar la edad tope”.
- ¿Debe ser difícil desprenderse de los Códigos de Justicia?
- “Lo dije antes de cumplir los 75 años; cuando me jubilaran quemaba enseguida los Códigos. Y es que fueron 44 años dictando sentencias, salvo los tres años que estuve como secretario de la Corte”.
- Durante sus 24 años en Magallanes, ¿hubo algún hecho que lo haya marcado en lo personal? Recuerdo que usted condenó a un reo (Alejandro Paniccini) a presidio perpetuo…
- “Aclaro, yo no lo condené a presidio perpetuo. Fue la Corte de Apelaciones que elevó la pena. Yo lo había condenado a 15 años. Fue un homicidio con tentativa de violación. Debo confesar que el caso más terrible, fue el de una chica que se suicidó y que dejó una carta para que sus padres dejaran de pelear y discutir, porque tenían otros hijos que cuidar. El tenor de la carta fue desgarrador. Lo más agradable también me pasó acá, siendo juez interino del Juzgado de Menores. Para una víspera de Navidad, un 24 de diciembre, me correspondió entregar una guagua en adopción a un matrimonio cuyas condiciones económicas no eran de las mejores. Fue un regalo maravilloso, un acto tremendamente humanitario”.
- Usted era conocido como un juez duro, por el hecho de aplicar fuertes penas, sobre todo a autores de delitos sexuales…
- “En Osorno los presos me llamaban el ‘Chacal’ y también ‘El Verdugo’. Sucede que hay delitos que tienen asignadas elevadas penas y uno simplemente se ceñía al Código Penal, por lo tanto las penas no se aplican porque a uno le caiga mal una persona. En mi caso nunca aprobé una libertad para un abusador o violador de menores. Nunca perdoné esta aberrante conducta”.
- ¿Qué recuerdos se lleva de Magallanes?
- “Los mejores. Nosotros, los jueces, tenemos un muy reducido círculo social. Por lo mismo, durante mi larga estadía conocí muy pocas calles de Punta Arenas, porque el día a día transcurría entre mi casa y la Corte de Apelaciones y viceversa. La gente con la que me tocó trabajar fue muy agradable y la prueba es que nunca tuve problemas con nadie, ni siquiera con los abogados. Había otros jueces que no querían ver ni en pintura a los periodistas. En cambio yo siempre tuve las puertas abiertas, les decía lo que querían. Incluso, hubo veces que les confié cosas off the record, que no se podían publicar, reserva que los medios siempre respetaron”.
Corte Suprema
- Históricamente esta Corte ha sido generosa en aportar ministros a la Corte Suprema. ¿Nunca estuvo en sus planes llegar al máximo tribunal del país?
- “Tuve ciertas posibilidades, hubo una insinuación por ahí, pero siempre pensé que mi carrera terminaba en Punta Arenas. Sólo pensar en irme a Santiago, pese a haber nacido ahí, no me agradaba la idea”.
- Hace poco la Corte Suprema había decretado el traslado a Punta Arenas del juez Gonzalo Díaz, sancionado en Arica. ¿Considera acertada esta medida?
- “Es una atribución que tiene la Suprema de trasladar jueces donde haya una vacante”.
- ¿Pero esto no daña la imagen del Poder Judicial?
- “No creo, porque el juez sancionado no vuelve a reincidir, tiene mucho cuidado. No hay jueces delincuentes. El juez de Arica que iban a trasladar a Punta Arenas era porque había comprado un auto a una persona presuntamente vinculada con una causa por narcotráfico, pero se lo compró legalmente”.
El ministro de la Corte Suprema, Sergio Muñoz, fue uno de los diez ministros que estaban por remover al juez Gonzalo Díaz. Fue el único que se opuso a que fuera trasladado a Punta Arenas, y en un voto de minoría hizo una dura crítica a sus pares que no lo expulsaron en su oportunidad. El juez Díaz terminó finalmente siendo trasladado como secretario a la Corte de Concepción.
- A propósito, ¿qué le parece que desde el jueves pasado las operaciones financieras de 2.000 autoridades del país, entre ellas ministros de Corte, estén bajo la lupa por los bancos y corredoras de seguros para evitar actos de corrupción?
- “No me parece, porque para eso existe la declaración de intereses y patrimonio -establecida por el Consejo para la Transparencia- que actúa como mecanismo de control. Si los ministros ahorramos tenemos derecho a tener bienes; yo tengo un auto Mercedes Benz año 2006, un departamento en Viña, que no lo compré con coimas. Lo adquirí con mis ahorros”.
Reforma Procesal Penal
- Usted fue un acérrimo crítico de la Reforma Procesal Penal. ¿A diez años de su puesta en marcha cambió su visión?
- “Hay que aceptarla, pero tengo mis aprensiones sobre sus resultados. Sostenía que se podía haber hecho algo más sencillo, más económico. Era muy poco lo que se necesitaba. Uno de los proyectos proponía que los secretarios de los juzgados pasaran a ser fiscales investigadores, mientras los jueces se encerraban a fallar. Pero en cambio se gastaron muchos recursos en aumentar la dotación de jueces y ahora los fiscales se quejan que están colapsados. Era lo mismo que se vivía en los antiguos juzgado del Crimen. Una de las razones por las que emigré a Punta Arenas el año 1988 era que ya no podía más, porque además de la materia penal, debía atender lo civil y laboral”.
-¿Qué opinión tiene acerca del funcionamientos de la justicia de Familia y Laboral?
- “Ahora los asuntos de Familia se han normalizado, porque cuando partió era una cosa de locos. Se creó un cargo más de juez y se aumentó la planta de funcionarios. Las audiencias ya no se fijan para el año siguiente. En lo Laboral, mi opinión es que se debe crear un nuevo Juzgado, porque la actual jueza (Cecilia Agüero) enfrenta una fuerte recarga de causas. Se ha sacado la mugre por su Juzgado que ella misma fue la encargada de organizar”.
Desaparecido Cuarto Juzgado
- Hablando de nuevos tribunales, a usted le correspondió organizar y cerrar el tristemente célebre Cuarto Juzgado de Letras…
- “Yo lo organicé y tenía una dotación de personal calificado para lucirse. Había abogados, profesionales y egresados de Derecho. Era para haberse convertido en un Juzgado de lujo. Pero hubo una manzana podrida que echó a perderlo todo”.
- En lo personal, ¿fue la situación más incómoda y complicada que le correspondió enfrentar desde el punto de vista administrativo?
- “La situación del juez Polanco fue algo muy desagradable, que por lo demás nosotros no lo echamos. Acá fuimos partidarios de aplicar una sanción de suspensión y traslado, atendida la fama que había adquirido este juez. A la postre fue la Corte Suprema que lo destituyó (por conductas indecorosas, en 1999). Lo mismo sucedió con Solón (Vigueras, ministro de la Corte), respecto de quien también se propuso su traslado (acusado de conductas impropias, en 2009)”.
En la despedida, el abogado Hugo Faúndez señaló que el cargo vacante de ministro será asumido por el fiscal judicial Aner Padilla, medida que responde a una política de la Corte Suprema de comenzar a eliminar los cargos de fiscal judicial en el país porque ya no se justifican; de hecho, la vacante en Punta Arenas no se cubrirá. Padilla llega a un Tribunal integrado mayoritariamente por mujeres (Beatriz Ortiz, María Isabel San Martín y Marta Jimena Pinto), conformación que nunca incomodó al saliente ministro.
“Siempre trabajamos en armonía, aunque (ríe) hubo veces en que frente a una determinada resolución primó el ‘Tocofa’ (todas contra Faúndez)”.