Violencia en la pareja: una realidad seria

por Eduardo Pino | eduardo.pino@umag.cl | 27 de abril de 2012

La semana pasada hemos sido testigos de sucesos en que el común denominador se centra en la violencia ejercida dentro de la pareja. El caso de Carol González, de 43 años y madre de 3 hijos, estremeció la tranquila ciudad de Los Andes al ser degollada y quemada dentro de su auto en plena vía pública. Aunque testigos sólo identificaron que un hombre cometió el brutal hecho para después huir junto a otra persona que manejaba una camioneta, el caso se encuentra en investigación y las presunciones apuntan a su pareja sentimental, un conocido empresario que es detenido momentos antes de viajar al exterior. Por los antecedentes, se descarta el robo y todo tiende a concordar con un crimen de tipo pasional debido a la crudeza y brutalidad de los hechos.

Otro caso fue el parricidio ocurrido en la comuna de Estación Central, en que Delso Arancibia, comerciante de 53 años apodado “el Pantera”, fue ultimado por su esposa después de 20 años de relación y en que la violencia física y psicológica de él hacia ella, ya se había establecido como un hábito cuyo peligro parece no haber sido evaluado por sus protagonistas. A pesar de las denuncias que dejan constancia de esta dinámica, la semana pasada el hombre llegó a su casa bajo la influencia del alcohol y drogas para enfrascarse en una pelea con su mujer que les lleva a amenazarse mutuamente con cuchillos. El jefe de hogar recibe una puñalada en la espalda y a pesar de ser trasladado a la Posta Central, prefirió no ser atendido y regresó a su hogar. Al día siguiente las complicaciones de sus heridas llevaron al fatal desenlace. Impacta ver cómo su joven hija expresa “era él o mi mamá”, apoyando a su progenitora ya que fue testigo del constante maltrato al que ambas eran sometidas, no sin antes dejar claro que ellos se amaban y no podían estar el uno sin el otro. Lo primero que hace Virginia González al ser dejada en libertad es ir a buscar el cuerpo del que fuera su compañero para velarlo. Más allá de escenas dignas del pueblo de Macondo, en que se veló y sepultó al difunto en medio de cumbias de Chico Trujillo, que el cortejo bajó el ataúd a la cancha donde jugaban a la pelota los domingos bajo un ambiente que parecía más un partido de fútbol que un funeral, o que familiares amenazaran con represalias a la viuda en un llorado, gritado y vitoreado último adiós al “Pantera”, queda la sensación que esta historia “de película” pudo haber tenido un final distinto si sus protagonistas hubiesen frenado una violencia que por habitual terminó siendo evaluada como “normal”.

Pero curiosamente el hecho que tuvo mayor repercusión mediática ha sido el que presentó menor gravedad en sus resultados. Tome nota de sus ingredientes: un musculoso agresor que empuja a su pareja, para que alrededor de su figura se confeccionen todo tipo de perfiles psicológicos, historias y mitos, para de paso reactualizar su imagen en los medios y abultar sus ingresos. La madre de la víctima que es “llevada” a tener que contar su historia a todo el país para dejar claro lo afectada que se siente, agregando de paso algunos puntitos de sintonía. El padre de la víctima que adoptando una posición de gran asistencialidad oscila entre acudir a las leyes y asumir actitudes mafiosas, dejando claro que su hija mayor de edad y estudiante de Derecho no es capaz de evaluar la realidad de manera adecuada, por lo cual debería agradecer tener un progenitor “tan preocupado” en vez de decirle que se meta en sus asuntos. Una víctima que ha optado por la cautela. Una pareja que ha sido evaluada y enjuiciada como modelo disfuncional por todo el mundo farandulero, cuyos intereses genuinos en el valor de las personas parecen ser tan difusos e incoherentes como promesas de políticos populistas en época de elecciones. En un mundo artificial y lleno de “personajes”, cuyas expresiones emocionales manipulan la atención de una audiencia casi hipnotizada, es necesario separar “la paja del trigo”, ya que ojalá analicemos y aprendamos en forma seria de la realidad para prevenir hechos tan lamentables.

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