Raúl Silva Castro, el gran historiador del periodismo chileno, sostenía que nuestro país tenía una doble deuda con fray Camilo Henríquez: levantarle un monumento en Santiago y editar sus textos, especialmente los escritos en Argentina.
En mayo de 2010, finalmente se inauguró la estatua en el paseo Bulnes. El Colegio de Periodistas, con generosos aportes, el más importante de los cuales fue el de la Asociación Chilena de Seguridad, logró poner término a tan larga tramitación.
Quedaba pendiente, sin embargo, el tema de los escritos del sacerdote-periodista. Desde la semana pasada, la deuda finalmente está pagada con la presentación del libro “Biografía y escritos de Fray Camilo Henríquez”, del periodista y abogado Fernando Otayza.
No es una obra menor. Son, dijo el autor en la presentación de la obra en la Academia Chilena de la Lengua, “tres volúmenes que contienen su azarosa existencia, emociones, encuentros y desencuentros, ráfagas de alegría y largas penurias, procesos, prisiones, exilios, censuras, relegación, conflictos y polémicas. La investigación incluye los escritos editados en Argentina y Ecuador, prácticamente ignotos en nuestro país”.
El trabajo de Otayza empezó en España, como agregado cultural en la embajada a cargo de Sergio Fernández Larraín: “El apellido Henríquez tiene dos vertientes. Portugal y España. En la nación lusitana, su origen es como el vino noble. Germina en Oporto, dulce y exquisito. Y en España: Castilla-La Mancha, León y Extremadura, regiones colmadas de recuerdos.
Castilla, lugar de tierras mustias, mesetas onduladas, castillos con torreones mutilados, por abandono y vejez. Yertos durante los meses invernales y conmovidos de soles, durante el estío... Personajes literarios se trastocaban con los históricos, porque España tiene la virtud de embarullar misteriosamente, en una especie de transubstanciación, lo real y lo aparente, lo genuino y lo apócrifo, lo vivido y lo quimérico”.
A saltos en el tiempo, largos años abogado y director del Tránsito de la Municipalidad de Macul, Otayza fue completando su tarea. Viajó a Lima donde Fray Camilo se ordenó sacerdote y fue encerrado en los calabozos de la Inquisición. Estuvo en Ecuador, donde se venera su recuerdo porque prestó auxilio religioso a los patriotas fusilados en 1810. Y, en años muy recientes, completó el periplo en Buenos Aires.
Todo este recorrido está presente en la obra. Hay mucho material hasta ahora no recogido en publicación alguna. Pero, sobre todo, se reafirma una idea fundamental: la pasión por la libertad de Henríquez. Dijo en su presentación el autor:
“Sembrador de ideas y despertador de inquietudes, piedra de escándalo para los timoratos, índice de orientación para los comprometidos, muralla contra las injusticias, fiel defensor de los desamparados y de los pueblos originarios... Nadie como él luchó con tanto denuedo por la libertad de prensa”.
Lo resume su frase favorita: “Quitadme todas las libertades, pero dejadme las de pensar y escribir”.