Un largo calvario

por Abraham Santibañez | abe@abe.cl | 5 de mayo de 2012

El martes pasado el Presidente Barack Obama visitó, sin anuncio previo, en Afganistán. Fue a firmar un “acuerdo estratégico de cooperación” y, de paso, a recordar el primer aniversario del asesinato de Osama bin-Laden, “el día más importante de mi Presidencia”.

El acuerdo garantiza la ayuda económica y militar a Afganistán después que las tropas norteamericanas se retiren en dos años más. “Es un nuevo comienzo”, aseguró un consejero de seguridad nacional norteamericano.

Pero sigue siendo un camino plagado de problemas.

Según el análisis de The Washington Post, la que viene será “la etapa más difícil” de la guerra. Además de ser el conflicto más prolongado en que ha participado Estados Unidos es uno en el cual todos los cálculos han quedado cortos.

El comienzo, en octubre del 2001, pareció auspicioso cuando se puso en marcha la Operación libertad perdurable con tropas de Estados Unidos, Gran Bretaña y del propio Afganistán. En pocas semanas derribaron el gobierno de Kabul y se proclamó la República Islámica de Afganistán. Su primer Presidente, Hamid Karzai, hasta ahora ocupa el cargo. Su gran desafío consistía en cerrar las heridas, eliminar las fuerzas talibanes y capturar (o matar) a su líder, Bin Laden.

La muerte de Osama bin-Laden tardó hasta hace apenas un año. En su residencia en Pakistán fue objeto de un ataque por sorpresa de tropas de elite de Estados Unidos. El terrorismo talibán, en cambio, no ha desaparecido. El miércoles, luego que Obama estuvo en Kabul, un atentado suicida costó la vida a siete civiles. Los talibanes reivindicaron el ataque.

Afganistán requiere apo-yo. Hay temores respecto de lo que pueda pasar cuando se retiren las tropas norteamericanas.
Pero, entretanto, la convivencia no ha sido fácil. En los últimos meses, los soldados estadounidenses se han visto involucrados en una serie de incidentes “detestables”, según el Presidente Karzai. Se han quemado ejemplares del Corán y otros libros sagrados musulmanes, se han profanado cadáveres de afganos (un grupo de soldados se fotografió orinando sobre ellos) y un soldado mató a 17 civiles. En abril se conocieron las fotos de otros soldados junto a los cadáveres de talibanes suicidas. Uno de ellos tenía restos humanos en las manos, exhibiéndolos como trofeos.

A los chilenos Afganistán nos dice muy poco. La historia, la cultura, las raíces religiosas de nuestros dos países no tienen ningún punto de encuentro, aparte del lapislázuli. Es, fundamentalmente, por la distancia: 16.335 kilómetros en línea recta.

Ahora último, la mejor aproximación a este lejano país la ha proporcionado el escritor Khaled Hosseini, afgano refugiado en Estados Unidos. Su primer libro, “Cometas en el cielo” lleva más de seis millones de ejemplares vendidos en 30 idiomas.

Su trasfondo es la historia de los últimos años del siglo pasado, incluyendo la ocupación soviética (1979-1989) y el brutal régimen impuesto luego por los talibanes hasta la intervención norteamericana.

Pero, claro, simpatizar con esos sufrimientos no es suficiente.

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