El periodismo está en los genes de Susana Mitchell. También la rebeldía. El ejemplo se lo dio su abuelo, “periodista, bohemio, soñador, idealista y revolucionario”.
Eduardo Demetrio Mitchell se desempeñaba en Buenos Aires en la radio El Mundo, hace más de medio siglo, cuando fue intervenida por los militares en el primer gobierno peronista. El delegado colocó un retrato de Juan Domingo Perón en la oficina. Mitchell lo descolgaba cada mañana y lo metía en un cajón. Al otro día el retrato estaba nuevamente en su lugar. El juego no duró mucho. El interventor le llamó la atención y el porfiado periodista no hizo caso hasta que le pasaron la cuenta. Fue detenido, estuvo desaparecido por tres días, golpeado y despedido. No encontró trabajo en Argentina. Por último debió refugiarse en Montevideo.
Lo contó Susana en una tele-conferencia con estudiantes de Periodismo de la Uniacc, a propósito de una preocupación recurrente: cómo se puedo ser consecuente con lo que se cree y no perder el trabajo. La moraleja es dolorosamente simple: hay veces en que no queda más remedio que arriesgarse.
El tema no era la familia de Susana Mitchell sino su libro: “La responsabilidad social en la empresa periodística: Estudio de un caso”. La obra es el fruto de una investigación única en su género: el tema de la RSE en los medios de comunicación. Si bien hay cada vez más trabajos al respecto, en el aspecto específico que abordó Susana Mitchell prácticamente no había nada. Hasta hoy hay muy poco.
¿Por qué? Porque es un tema en desarrollo y porque, como resume de manera categórica la propia autora, “los medios son un ojo que mira, pero que se resiste a mirarse (a sí mismo)”. Ello dificultó su empeño cuando quiso centrar su investigación en un caso. No dice cómo lo logró ni cuál fue el diario que le abrió las puertas, pero finalmente penetró una realidad hasta entonces muy resguardada.
En su trabajo puso a prueba un set de herramientas (“indicadores”) para chequear cuán en serio tomaba el diario investigado su responsabilidad social. Al final, dice la autora, el medio cosechó un valioso diagnóstico. Y ella, hasta hoy, siente que este es sólo el comienzo.
Es un trabajo auspicioso que confirma lo que muchos están repitiendo actualmente: una empresa que se preocupa de la RSE termina haciendo un buen negocio. En el caso del periodismo, aunque las experiencias son incipientes, debería ocurrir lo mismo.
No es que los medios deban dejar de lado sus intereses tradicionales, como el lucro, al adoptar estas buenas prácticas. Pero deben poner a prueba algunos conceptos. Un medio de comunicación socialmente responsable está obligado a equilibrar la circulación con sus principios. En otras palabras, debe ser capaz de poner a prueba la noticiabilidad tradicional sin perder de vista los gustos y las necesidades de la audiencia.
No es fácil, pero es posible. Lo cree esta académica por cuyas venas corre mucha tinta de imprenta.