Ingresar a un sistema natural, agreste y remoto, siempre trae como consecuencias periodos de adaptación que dependiendo de experiencias previas estas demoran o son rápidas de asimilar. Podría compartir que una situación extrema vivida personalmente fue cuando accedí aun con muchos meses de preparación al Glaciar Branscomb, en pleno corazón de las Montañas Ellsworth, en la Antártica Occidental y en donde se encuentra la mayor elevación del continente helado: el monte Vinson. En esa oportunidad todo se presentaba emocionante y atractivo con la novedad de estar por primera vez en este continente y con todo lo que implica en su organización previa y ya con la aproximación correspondiente. El momento más crítico en la asimilación de la actividad que estaba enfrentando, la sentí precisamente cuando vi que los Twinn Otter de la Fuerza Aérea, se alejaban del Glaciar, después de estrictas indicaciones para la futura evacuación del lugar, pude apreciar casi con nostalgia cómo la figura de los aviones se transformaban en dos puntos perdidos en el amplio y cristalino cielo polar, mi análisis emocional fue sentirme a pesar de estar acompañado de un grupo de cinco personas, con una soledad tremenda al percibir que estaba lejos de todo, no sentía sustento ni contención de saber que si algo malo ocurría en todo el proceso, no existía la posibilidad que habían en otras circunstancias y lugares como bajar al Valle y pedir auxilio, o aproximarme a una carretera para hacer “dedo” y retirarme del lugar en caso de alguna hostilidad, en ese momento y dependiendo del grado de fortaleza la mente se sensibiliza y rápidamente uno comienza a buscar refugio en las cosas más familiares que puedan formar parte del equipamiento personal comparando casi con situaciones similares a las que vive un bebe al sentirse familiarizado en su pequeño entorno en la cuna, su almohada, su móvil de colores y figuras y su juguete preferido.
Imagino yo que en este preciso momento, la osada y valiente Felicity Aston, Británica de 33 años, debe estar vivenciando una situación mayoritariamente extrema al plantearse el objetivo de querer ser la primera mujer en la historia que cruza en forma solitaria el continente antártico, 1.700 kilómetros lo que le tomará más de 70 días en hacerlo, ya en sus primeras declaraciones desde la misma travesía a través de los medios se ha sentido en ella la percepción de la angustia por estar sola y en un lugar tan remoto como lo es la Antártica, ella ha dicho recién:…”Desayuno mirando las montañas. Percibo que me tomará mucho tiempo acostumbrarme al silencio Polar”… otra reflexión…”Con mis primeros pasos en esta travesía inicio el largo camino a casa...” allí está de manifiesto asimilando su condición solitaria lo que a medida que vaya pasando el tiempo será un embate muy fuerte para su mente y que puede llegar a obligarla a renunciar de su propósito, en su segunda reflexión rápidamente trae consigo su vínculo afectivo, su casa está al otro lado de dicha travesía, seguramente antes de salir de casa su horizonte era la Antártica, ya estando allí sólo piensa en terminar todo y volver al regazo y calor tierno de los suyos. Estaremos atentos a los acontecimientos y esperamos resaltar los resultados de dicha novedosa travesía en solitario por la Planicie Polar de la Antártica.