Sobre Educación Cívica

por Carlos Contreras | carloscontreras.quintana@gmail.com | 29 de marzo de 2011

Democracia, gobierno, justicia, partidos políticos, régimen político, administración del Estado, participación ciudadana, bien común, derechos de las personas, gobierno regional, secretarios regionales ministeriales. Todos los conceptos señalados precedentemente pueden clasificarse dentro de un área del conocimiento que se ha dejado de lado en la educación formal de nuestros niños, pero que cada vez, me convenzo más, se requiere reinstalar con urgencia, pertinencia y frescura en sus programas: la educación cívica.

No se trata solamente de tener la carga, siempre injusta para el joven niño o niña que se educa, de aprender una importante cantidad de conceptos fríos, intrascendentes, lejanos y complejos. Se trata de introducir a nuestras jóvenes mentes en los conceptos básicos que sustentan el desarrollo político de un país en un sistema de gobierno denominado democracia, para el desarrollo de nuestras, tan mentadas instituciones, que a la postre están constituidas por los hombres y mujeres que son formados al alero de nuestro sistema de gobierno y económico. Siempre se habla y se cansa al auditor, lector o telespectador con el concepto necesario del desarrollo o crecimiento económico, pero se deja de lado, e incluso se encubre como algo feo o desagradable el concepto de desarrollo político… la ciudadanía asume que el concepto “político” implica algo que, de por sí, contiene algo oscuro y ajeno a la humanidad.

La realidad de las cosas es que el conocimiento de las instituciones políticas, sus fines y su importancia en el contexto nacional constituyen un instrumento insustituible y necesario para evitar el desprestigio de la política, pues el ejercicio de la actividad política, como cualquier otra actividad de los hombres, puede ser bueno o malo, correcto o incorrecto, útil o inútil, pero para poder calificar esa actividad política y desenmascarar a aquellos que no le hacen bien a su desarrollo, es fundamental conocer el funcionamiento de las instituciones; de esta forma cuando un parlamentario se inmiscuya en tareas propias del Poder Ejecutivo o gobierno, desatendiendo sus propias labores de legislador, será calificado con claridad y conocimiento por una ciudadanía instruida y conocedora de los alcances de su trabajo, del mismo modo cuando el Poder Ejecutivo se atreve a formular soluciones que dependen de otro poder del Estado como acontece con el parlamento o el Poder Judicial…el ciudadano conocedor de las instituciones podrá juzgar esa mala decisión.

Sólo con una ciudadanía instruida, desde la juventud, podemos apostar a contar con un sistema democrático y un desarrollo político fortalecido para el mejor crecimiento del ser humano, por ello es tan necesario reponer de manera refrescante y profunda la enseñanza de las instituciones políticas y cívicas en nuestra educación formal.