Slow is beatiful…

por Jorge Abasolo | jabasoloaravena@gmail.com | 27 de junio de 2011

¿Por qué será que en Chile andamos todos acelerados?
Cesantes, ejecutivos y hasta jóvenes ociosos se aceleran para conseguir quien sabe qué cosa.

En plena Plaza de Armas me encontré hace poco con un amigo que caminaba raudo, urgido, como telegrama.

Lo saludé y le dije:

- Hola Lucho, ¿para dónde vas tan apurado?

Me respondió casi en forma automática:

- No tengo idea, pero voy apurado.

Y conste que mi amigo es cesante consuetudinario. En parte porque el sistema no lo ha tratado bien, porque fue durante años dependiente de las tarjetas de La Polar y en parte por culpa de él mismo. Luchito es de los que sabe hacerle un dribbling al trabajo. Digámoslo derechamente: es flojo rematado. Cuando ve un colchón se le hace agua la espalda.

Lo que me inquieta es ver a todo un país como queriendo batir el record mundial de aceleramiento.

Esta adicción a la prisa ya parece pandemia. Es contagiosa y deja el sistema nervioso tan alterado como un taxímetro.

Parece que transitar sereno, calmo y dueño de sí mismo es estar fuera de onda.

He llegado a la conclusión que esta verdadera “enfermedad del tiempo” es sintomático de un malestar existencial más profundo. Pareciera que la gente arrancara de sí mismo, como temiendo enfrentar sus desdichas y reveses personales.

Kundera estima que la velocidad nos ayuda a bloquear el horror y la aridez del mundo moderno. Puede ser.

Hoy la gente no quiere leer libros, quiere leer resúmenes, no quiere disfrutar de una buena comida casera: prefiere el fast food. No quiere ver películas, pues se conforma con la sinopsis y las guaguas ya dejaron de nacer a los nueve meses de casados. Es la época del apuro, del presente instantáneo y el tiempo de la emergencia.

Debemos aprender a detenernos.

De seguir así, me imagino que hasta la vida de las guaguas será distinta en un tiempo más. Más que hijas de la calma, serán esclavas de un mundo dependiente, ultramoderno y escasamente humano.

Para muestra un botón:

LA VIDA DE UNA
GUAGUA EN EL AÑO 2040

3 meses: Pide la teta… por Internet.

4 meses: Le rechazan el número de tarjeta y la teta no le llega.

7 meses: Pierde el control remoto del andador.

9 meses: Balbucea su primera palabra: ¡web!

7 años: A través de un amigo hacker modifican resultados y termina la enseñanza básica en una tarde.

14 años : Su primera experiencia sexual por computadora. Conoce a Apple, una joven prostituta de compucompras.com.

25 años: Mueren sus padres, escanea las cenizas y las guarda en el disco duro.

47 años: Lo agarra el Efecto 2045 y fallece. No es enterrado ni cremado. Sólo “Delete”.

¿Ven ustedes a lo que podemos llegar si no bajamos el ritmo trepidante que llevamos?