Ser niño

por Eduardo Pino | eduardo.pino@umag.cl | 5 de agosto de 2011

Ya estamos en agosto y se aproxima el Día del Niño en nuestro país. Desde que tengo uso de razón, las celebraciones que llevábamos a cabo cuando niños se relacionaban con el padre o la madre, pero no recuerdo que alguna vez se nos haya celebrado a los adultos de hoy, el haber sido niños en décadas pasadas. Uno esperaba el regalo de cumpleaños y el de Navidad, con eso bastaba y sobraba según los adultos de esa época.

Pero curiosamente el origen del día del niño se remonta por los años 50, cuando la ONU propone que para fomentar la fraternidad y comprensión entre los niños del mundo, se destine un día oficial para realizar actividades que promocionen el bienestar y los derechos de los niños en general, sin importar las razas, culturas ni creencias. Sí, efectivamente este día ya tiene cerca de 60 años, pero comercial y publicitariamente se viene promoviendo no más allá de los últimos veinte, centrado obviamente en las ventas y servicios de los artículos relacionados, más que en su verdadero significado.

Otra de las particularidades de este día, es que se celebra en distintas fechas según los países, encontrando meses tan diversos como marzo, junio o septiembre, no observándose el mes de diciembre por razones obvias. Pero según la ONU, el día oficial es el 20 de noviembre, fecha en que se conmemora la aprobación de los Derechos del Niño del año 1959.

Si bien más de alguna vez hemos visto algún afiche con el decálogo de los derechos del niño, éstos son muchos más. Van desde la adecuada satisfacción de sus necesidades básicas como la alimentación, protección y abrigo, hasta las que posibiliten un desarrollo integral que tienda a proteger su salud física y mental, como evitar la explotación y trabajo infantil, libertad para expresar sus ideas o crecer en un ambiente armónico. Todo niño tiene derecho a vivir en una familia, recibiendo la formación y el afecto de quienes le rodean, en un ambiente social que le facilite poseer un nombre propio, una nacionalidad y la posibilidad de conocer una cultura con la cual identificarse, evitando la discriminación negativa de parte del entorno, no importando su sexo, edad ni raza. En una realidad compleja, desgraciadamente varios de estos derechos les resultan a muchos infantes tan desconocidos como para nosotros la información del origen del día del niño.

Ser niño no es ser un adulto chico, como muchos padres piensan. Ser niño es pensar, sentir y socializar de manera distinta. Es priorizar en la vida el juego y regirse por las leyes de la inocencia y las emociones. Es darle fantasía a lo sencillo y juzgar a los demás según el afecto que les entregan, más que por lo que tienen u ostentan, cómo se visten o la apariencia física que muestran. Ser niño es necesitar una mano acogedora y a la vez firme, ya que para crecer es necesario frustrase a veces y saber que no se puede hacer ni tener todo lo que se quiere, pero es necesario entender el porqué de esto, o por lo menos recibir una explicación para que los años entreguen la tan buscada comprensión de los hechos, basada en experiencias y un pensamiento más avanzado.

La película “El niño del pijama a rayas”, un verdadero homenaje a la niñez, comienza con la frase de John Betgeman: “la niñez se mide en olores, sonidos y experiencias, hasta que llega la oscura hora de la razón”, reflejando la grandeza de la simplicidad que muestran los niños y que los adultos deberíamos aprender para dominar egos y ansías de poder que atentan nuestro entendimiento de lo verdaderamente importante. Por eso, además de saludar a los niños en su día, felicito a todos los adultos que tienen la suerte de contribuir a la formación de estas pequeñas y a la vez grandiosas personas.

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