Hace algunas décadas los niños y niñas eran denominados menores y considerados objetos de derechos, esto es, objetos de protección o castigos. Con el paso de tiempo los “menores” fueron considerados sujetos de derechos, personas con derechos y obligaciones, hasta llegar a nuestros tiempos en que el concepto menores se reemplaza por el de “niños y niñas” para destacar la calidad de personas y de género de ellos. Por otra parte durante mucho tiempo la entidad estatal encargada del área de la infancia en cuanto a la protección de sus derechos y la responsabilidad juvenil era el Sename o Servicio Nacional de Menores institución objeto de un proceso creciente de mayores obligaciones y metas, y de una estructura y desarrollo particular que la distinguía de otras entidades estatales, asumiendo incluso una propia forma de lenguaje: el senamés, según sus propios funcionarios. Se trataba de una institución que poco a poco integró a muchos hombres y mujeres preocupadas del tema de la infancia y adolescencia y que fue generando una serie de programas y proyectos que creaban un lenguaje y una mirada propia de la vida…si se quiere una mirada a través de los ojos de los niños. Pero el paso del tiempo y el signo de la época generó nuevas miradas y nuevas necesidades.
En este contexto me parece necesario y plausible la creación, por parte del Presidente de la República, de dos servicios públicos que reemplacen al Sename, uno encargado de la protección de niños cuyos derechos han sido vulnerados y otro que se encargará del cumplimiento de sanciones y la reinserción social de los adolescentes que han infringido la ley. Hacía falta que se adoptara esta decisión urgente y consecuente con un Estado que debe renovar su compromiso con sus niños y niñas.
El Poder Ejecutivo ha dado el primer paso, esperemos que el Poder Legislativo pueda contribuir a mejorar el proyecto de manera tal que se establezca una nueva institucionalidad de amor, cariño, respeto, comprensión y apoyo a los niños y niñas de Chile, en un nuevo trato que deje atrás normas y conceptos administrativos que no pueden ni deben aplicarse a la infancia y que hagan comprensible y entendible la problemática a la sociedad toda, dejando atrás con mesura y cuidado el lenguaje senamés y preocupándose que todas las familias respeten, cuenten con los medios y aseguren los derechos de los niños y niñas.