Dos textos de culto, de esos llamados imperdibles ha lanzado recientemente al mercado Editorial Random House Mondadori.
Son tan buenos que hasta dan ganas de prestarlos.
Uno se llama “Mala Educación”, de la periodista Elizabeth Simonsen (Colección Debate, 175 páginas); y el otro lleva por título “El Banquete”, de Fernando Villegas (278 páginas).
“Mala educación” hace un repaso al momento en que cientos de miles de estudiantes se tomaron las calles (y hasta los colegios) en Chile para protestar ante una educación rasca, memorística, esclerótica y más pasada de moda que las polainas y los pantalones pata de elefante.
Esta vez los cabros secundarios tuvieron la precaución de coordinar sus tomas, marchas y zangoloteos callejeros, con los muchachos universitarios. Estos últimos -muchas veces con harta razón- estaban chatos y cabreados con el hecho de que las universidades los tomaran como clientes, más que como alumnos.
Quedó claro que la acreditación era tan sospechosa como beso de madrastra, y que existían universidades con más deudas que alumnos.
Feo, feo, feo…
La autora -Elizabeth Simonsen- es más preparada que almuerzo en una embajada y entrega detalles de esos llamados irrebatibles. Vamos al libraco:
-“Gobernaba entonces Michelle Bachelet. Los integrantes del llamado bloque social del Consejo Asesor Presidencial de Educación, CAPE –estudiantes y profesores- se retiraron cuando este no quiso establecer, entre sus recomendaciones, el que la educación municipal volviera a manos del Estado. El acuerdo del palacio presidencial todavía es visto por los escolares como una ‘traición’ al movimiento. ‘Sabemos que todos los sectores, izquierda y derecha, tienen intereses creados y que no les conviene cambiar el sistema’”.
Un libro que merece leerse y discutirse.
“El Banquete”, de Fernando Villegas (278 páginas) echa mano a los libros que más han incidido en la intensa y atormentada vida de su autor, lector compulsivo y “barrero” a la hora de destacar las lecturas formidables de su existencia. Bueno, no deja de tener razón: mal que mal, todos somos hijos de nuestras ideas y creencias.
Reconforta que Villegas reivindique la obra del chileno Jorge Inostroza y su clásico “Adiós al Séptimo de Línea”. Para algunos críticos literarios relamidos, esa obra no pasa más allá del mero folletín, pero he ahí la gracia de Inostroza. Logró que varias generaciones leyeran un episodio bélico que de otro modo, sería lectura obligada tan solo al interior de los cuarteles.
Creo que Inostroza logró con la historia lo mismo que Waldo de los Ríos con la música de Mozart: llevó la inquietud a la inmensa mayoría.
Y eso es una proeza en un país que se refocila leyendo Condorito y viendo teleseries.
Otros autores que llamaron la atenciòn de este lúcido chascón iconoclasta son: Nabokov (Lolita), Aldous Huxley, Milan Kundera, Marcel Proust y nuestro inefable Joaquín Edwards Bello.
¿Omitió Villegas nombres irremplazables? Imposible evitarlo. Toda selección es personal y tiene mucho de caprichosa. Tengo un amigo que hizo una lista de los diez más consagrados pianistas de Sudamérica y dejó fuera a Claudio Arrau.
“El banquete” merece leerse.
Bien logrado, escrito desde las vísceras, o desde las tripas, parodiando a Italo Calvino…y sazonado con bilis, como todo opus de Villegas.
Amén…