Vivimos tiempos difíciles. Hoy el ser humano se ha llenado de contradicciones al vivir en una sociedad donde a ratos el mundo se siente que está al revés… el pillín o el vivaracho es reconocido, el especulador es resaltado, los incentivos están para quienes atentan con los principios comunitarios de vivir en sociedad y atentan a la fe pública. Hay ejemplos como la colusión de farmacias que reciben una multa de 19 millones para “contrarrestar” y sancionar el enriquecimiento de millones de dólares a costa de los enfermos; o el caso La Polar, emblema del abuso, y de cómo el Estado (que nos representa) debe ir en apoyo de una empresa para no afectar a sus clientes estafados. Algo así ocurrió en los 80 con la banca, donde el Estado fue al rescate de los bancos, deuda que no está saldada. Sin embargo, no siempre la reciprocidad existe. Hoy y ayer, cuando el Banco Central hace una baja en la tasa, los bancos no traspasan de igual forma estas bajas a sus clientes. Lo mismo ocurre con las alzas y bajas de los precios de combustibles, cuando generalmente las bajas se demoran en actualizar.
Ejemplos hay grupales e individuales. Algunos lejanos como la evasión que se hace en pago del Transantiago y que finalmente terminamos pagando todos, y otros más cercanos como cuando el que tiene más paga menos impuestos que el que tiene menos. No es extraño entonces que para quien actúa con rectitud su vida sea más difícil. Aunque sea paradojal y contradictorio vivimos en una sociedad individualista.
Esta crisis actual está presente en la economía y también en la política. Los proyectos personales se imponen sobre los colectivos, por ello no resulta extraño que se critique, se minimice y se desprecien procesos de participación como las primarias. El populista con impronta mesiánica, que se cree poseedor de la verdad y dueño de la voluntad de las personas es signo de los tiempos difíciles en los que algunos políticos hablan mal de la política y de los políticos. La soberbia y prepotencia les acompaña, y cuando se sienten amenazados exaltan su arrogancia con la crítica.
La política hay que mejorarla, y para ello urge un cambio en el sistema político para que sea más representativo, porque las transformaciones que piden los chilenos y la paz social requiere de voluntad y expresión política. Por ello, se debe saber y reconocer a quienes sentados cómodamente en el poder, se oponen a los cambios para no perder la ventaja aparente creada por un sistema ideado por ellos. La Udi es uno de los actores que no quieren cambios, pero también hay sectores económicos que harán de todo para impedir cambios tributarios, educacionales o políticos. Hemos visto que en estos temas el poder no lo tiene el Presidente, sino que la Udi. Hemos visto como quienes inventaron las AFP, las Isapres, y que no quieren sindicatos, ni agrupaciones, tienen más poder en el gobierno que el propio Presidente.
Debemos entender que para contrarrestar este poder, debemos pensar en plural y actuar en colectivo. Para combatir el individualismo de nuestra sociedad y la injusticia social, debemos comenzar por reconocer que no estamos solos, destacar al que actúa bien e identificar al que lo hace mal. Ayudar al que necesita, escuchar al que habla con su silencio, agradecer al que hace algo por uno, y por todos. En definitiva, cuando se sienten tiempos difíciles, nos haría bien, al igual como el Padre Hurtado repetir la frase de San Agustín: “Si los tiempos están malos, seamos nosotros mejores. Los tiempos serán mejores, porque nosotros somos el tiempo”.