…”Primavera hay en mi tierra, se ha ido el frío, y me rodean los valles también el río, y el graznar de unos caiquenes me adormecieron, entre los tiernos coirones mirando el cielo”…
Mañana comienza la primavera en nuestra región, adornada con señuelos poco claros a diferencia de otras zonas de Chile y del hemisferio en su totalidad. Pero una señal prioritaria es que comienza la preocupación y atención extrema de la situación de la capa de Ozono, que nos atañe directamente a nosotros por estar en el rango de abertura del agujero que se declara al disminuir esta capa que nos protege fundamentalmente de la radiación ultravioleta de alta frecuencia.
La destrucción de la capa de ozono, es extremadamente peligrosa ya que según ésta pierde grosor debido a la acción de los clorofluorocarbonos (CFC), expone a la vida terrestre a un exceso de radiación ultravioleta, que puede producir cáncer de piel, cataratas, reducir la respuesta del sistema inmunitario, interferir en el proceso de fotosíntesis de las plantas y afectar al crecimiento del fitoplancton oceánico. Debido a la creciente amenaza que representan estos peligrosos efectos sobre el medio ambiente, muchos países trabajan en el proyecto de suprimir la fabricación y uso de los CFC. No obstante, los CFC pueden permanecer en la atmósfera durante más de 100 años, por lo que la destrucción del ozono continuará representando una amenaza durante décadas.
Es necesario prestar mucha atención a las claras advertencias de peligro que podemos enfrentar, en particular respecto al medio marino que nos rodea y que es existente en gran parte de nuestro territorio, cuyos cambios físicos, químicos y biológicos, tendrían graves consecuencias. La subida del nivel del mar, la erosión costera, el deshielo tanto de masas gélidas antárticas como de aquellos glaciares que caen al mar, la frecuencia de tormentas y su intensidad, los cambios en los patrones biológicos son algunos de los impactos directos que últimamente se visualizan en el horizonte cercano hacia la tranquilidad de la humanidad. El aumento de las temperaturas en el mar trae como consecuencias la proliferación de mayor cantidad de bacterias que afectarían a la salud. La comunidad científica está abordando intensamente estrategias para llamar la atención de los políticos para intensificar aún más la atención de este nuevo problema que no sólo afecta a la población en forma aislada, sino que refleja también esta advertencia los altos costos del punto de vista económicos con el solo hecho de pensar en una intoxicación masiva por ingerir productos del mar contaminados por agentes patógenos transmitidos por el agua, es decir hay una cadena de factores que a modo del efecto “dominó” gatillan evidencias propias de que el solo hecho de proyectar una disminución de la capa de ozono, ésta se traduciría en evidentes problemas económicos y de salud en general para la población afectada. En resumen nuestra reacción inmediata y doméstica, es mantenerse informado de los acontecimientos y hacer caso de las instrucciones provenientes de los monitoreo en los que destacan el semáforo de Ozono que indica el nivel de peligrosidad y así familiarizar cuáles son las acciones de prevención.
Mientras la manera más efectiva de evitar el daño de los rayos UV es no estar expuestos a ellos, hay medidas menos drásticas que podemos tomar de acuerdo con las normas vigentes. Entre ellas, el uso de algún sombrero, aplicar bloqueador solar en el área alrededor de los ojos y el uso de lentes solares que ofrecen 100% protección UVA y UVB y que cubren de manera adecuada los ojos pueden ser eficaces en reducir la exposición a estos rayos.