El anuncio presidencial respecto del proyecto ley que establecerá una disminución en la jornada laboral de las trabajadoras de casa particular, sin lugar a dudas, es una buena noticia para todas aquellas mujeres abnegadas que en más de una oportunidad han sabido actuar en reemplazo de las figuras maternas dentro del hogar cuando la urgencia o la necesidad lo han requerido, pues claramente se trata de personas que, más que empleadas, pasan a formar parte de la familia.
He señalado que es una buena noticia por las siguientes razones:
Es justo y adecuado que la jornada de trabajo sea la misma que respecto de los otros empleos.
Es justo y adecuado que las mujeres que se dedican a este oficio dispongan de tiempo para ellas y sus familias equiparando, de esta forma, el tiempo que se dedica a los suyos con aquel que se dedica a sus jefes.
Es justo y necesario que, a propósito de esta modificación, las familias ajusten sus horarios y disponibilidad de calidad de tiempo, para atender a los suyos, particularmente a los más pequeños y pequeñas. Qué duda cabe que uno de los elementos que atentan con el adecuado desarrollo de la familia, los afectos y la formación de nuestros niños y niñas, tiene que ver con el poco tiempo de calidad que los padres le dedican.
Es justo y necesario que las promesas de los gobernantes, cualquiera sea su entidad o trascendencia, se cumplan.
Ahora bien, sin perjuicio que las leyes buscan solucionar el bienestar común de la sociedad determinando las conductas que se deben observar y cumplir, la realidad y el desarrollo de la sociedad demuestra que no siempre se cumple esta finalidad, pues no porque se sancione el homicidio las personas dejan de matar, por ejemplo, y es por ello que no bastan leyes que destaquen el aspecto humano o el concepto de justicia… esperemos que aquellos llamados a cumplir estas leyes lo hagan de buena forma, sólo así aspiramos a mejorar en lo humano y en lo social.