El comienzo del mes de octubre es muy significativo porque los dos primeros días se celebra a nivel mundial a quienes transitan por nuestros cielos: las aves, las que ocupan a nivel planetario unas 300 mil millones, es decir que habrían 50 aves por cada habitante en la Tierra.
Es factible darse cuenta y mucho más hoy en día a través de las redes sociales de la gran fascinación del ser humano por estos seres que a simple vista sean tan frágiles pero al mismo tiempo poseen las características propias que les proporciona el medio para ser altamente especializadas, rigurosas y disciplinadas en todo su quehacer, tanto así que la ciencia recurre a determinados comportamientos de las mismas para sacar conclusiones de patrones comunes ante los cambios diversos del medio ambiente y cómo influye la presencia o la no tan destacable manera de extinguirse tantas de ellas por diversos motivos, algunas de una manera natural como también y la más frecuente de la acción antropogénica. En los inicios hace millones de años han existido 15.000 tipos de aves, hoy sólo quedan 9.000 y un poco más.
Las aves son esenciales para el equilibrio de los ecosistemas pero en algunos lugares han sido olvidadas especialmente en el uso del suelo por la agricultura la que le va quitando espacio a sus hábitat y así cada vez encuentran reducidos sus entornos de alimentación y de crianza.
En nuestro caso como región debiéramos sentirnos privilegiados aún ya que al comienzo de la primavera uno de los cambios escénicos tanto en el campo como en las ciudades va en aumento progresivo la presencia y más bien dicho la visita de variadas especies que se habían retirado a territorios de más al Norte en busca del cálido sol durante el invierno.
Los primeros en llegar son los Queltehues y Becacinas, quienes con sus estruendosos sonidos y característicos zumbidos no dejan de llamar la atención de cualquier transeúnte que circule por áreas verdes. Ya en este mes y en espacios más abiertos y solitarios en primer lugar llegan desde muy lejos del Trópico el pequeño “Colegial” que con su característico color marrón en su dorso asemeja una mochila escolar, al poco tiempo llegará la hembra en grandes grupos y que es difícil de presenciar.
En muchos lugares periféricos se hacen presente diferentes especies algunas a descansar en sus tránsitos migratorios y otras sólo por abundante comida, pero lo principal es que un gran porcentaje de ellas se avecinan en nuestros humedales, ríos, lagunas y bosques para permitir el milagro de la vida, con diferentes arquitecturas de nidos y comportamientos propios de defensa que los hace característicos.
La invitación es en particular y aquellos que acostumbran a pasear por las tardes y a la caída del sol por sectores de la Zona Franca y en la costanera, escuchar el zumbido de las alas de la Becacina Macho que llama a su hembra, también a la vista de este pequeño con acrobáticas maniobras de vuelo que lo hacen ascender rápidamente ganando altura para luego descender vertiginosamente hacia el suelo lo que en la posición de sus alas emite un zumbido característico que demuestra a la hembra el llamado al apareamiento.
Una nueva vida que proteger, cuidar y alimentar hasta que esté listo para su retorno a lugares más cálidos ya entrando en el próximo otoño.