Con infalible olfato político Manuel José Ossandón, alcalde RN de Puente Alto, opinó que es “un error político”: mientras más ataquen a Michelle Bachelet, más crecerá su imagen.
El resto del oficialismo, sin embargo, piensa distinto. En los últimos días arreció la campaña contra la ex-Presidenta. Se generó, en la práctica, una fisura sin paralelo en nuestro sistema democrático en las últimas dos décadas.
El tema es preocupante aunque se discute poco. Meses atrás, cuando se habló del peligro de “ingobernabilidad”, en La Moneda se reaccionó con indignación. Hace unos días, tras un implacable análisis acerca de la baja en la popularidad del Presidente Piñera, el comentarista Agustín Squella me expresó que lo que pasa debería ser “inquietante, incluso para opositores”.
Los “señores políticos” y la política, atacados en forma incesante durante el régimen militar, siguen bajo sospecha. Una candidata independiente se impuso en las primarias opositoras en Providencia y amenaza la reelección del alcalde Labbé. Es “apenas” una dirigenta de las juntas de vecinos, no una militante política.
En este panorama, marcado por la reaparición de las protestas de los estudiantes y el movimiento social en regiones, al Presidente de la República le corresponde entregar su tercer y penúltimo mensaje al país.
No hay cómo saber el balance personal que hace de su gestión. Sólo conoceremos lo que crea conveniente plantear, apoyado en una campaña publicitaria con el lema “Chile cumple”. Se anticipa que el mensaje se concentrará en las tareas cumplidas en la primera mitad de su gobierno. Es un tema igualmente debatible. En el gobierno se habla de más de un 70 por ciento de compromisos realizados o en vías de realización. Se recuerdan algunos hitos como el 7 por ciento de los jubilados, la extensión del post-natal y otros logros. Y, sobre todo, el Presidente va a insistir en el crecimiento de la economía, incluyendo “el pleno empleo”.
Debería ser un mensaje optimista.
Estará marcado, sin embargo, por la oscura sombra que proyectan, implacablemente, las encuestas. Solo uno de cada cuatro chilenos le da su apoyo.
Salvo el rutilante momento en que los 33 de Atacama emergieron del fondo de la tierra, nunca más ha gozado de parecido respaldo. Pero un personaje hasta entonces casi desconocido, el ministro Golborne, cosechó y sigue cosechando esa mágica instancia de unidad nacional. También los ministros Allamand, Longueira y Matthei- han logrado apoyos más consistentes.
Las simpatías populares no llegan hasta el Primer Mandatario, apenas lo rozan.
En la semana, el ya difícil panorama se complicó aun más. La declaración de guerra contra Michelle Bachelet, personaje tan bien evaluado en todas mediciones de opinión, generó y generará duras réplicas.
Es posible que ellas lleguen hasta el Congreso Nacional, pese a las seguridades que ha tratado de entregar el Presidente del Senado, Camilo Escalona.
“Yo confío, dijo, en la madurez de los parlamentarios en su conjunto,... confío en el espíritu republicano de los parlamentarios y que, en consecuencia, la cuenta se lleve a cabo de manera enteramente normal”.
Esperemos que así sea.