Luego de la bonanza económica de los 90, una nueva clase surgió en el país. Se trata de los neosiúticos, que se dan en todos los niveles.
Por ejemplo, el neosiútico de medio pelo es hijo de la comida chatarra. En la década de los noventa se paseó por cuanta fritanguería gringa de marca global llegó a Chile. La comida rápida permite que rápidamente se noten sus ripios educativos y los variados oficios que ha ejercido para poder llegar adonde ha llegado. Tienen un antes y un después:
AYER: Curandero
HOY:Mentalista
AYER:Peluquero
HOY: Estilista
AYER: ¿Me das tu teléfono?
HOY: ¿Me das tu e-mail?
Ya entre los neosiúticos de clase media se pueden advertir ciertas diferencias. A este fenotipo le pena el pasado. Conozco el caso de una neosiútica que optó por cambiar hasta de hobbies y costumbres al aire libre. Y así fue como se compró un par de esquíes acuáticos. Luego preguntaba a todas sus amistades si conocían un lago con pendiente.
También les asiste el fuero del antes y el después:
AYER: Maricón
HOY: Diferente
AYER: Almacén
HOY: Drugstore
AYER: Vuelta del perro
HOY: Vamos al shopping
Y luego tenemos al neosiútico de clase adinerada, que suele marcar la diferencia. Para este sujeto la ciencia es algo así como la prolongación de su anatomía. Vive permanentemente atento a la tecnología de punta, a la que le asigna un valor agregado y su consecuente status.
Es esclavo de la pantalla plana, del pendrive, la cámara AZ-WD de última generación y de cuanto artilugio tecnológico salga al mercado.
En cuanto a ropa prefiere las camisas Armani y los zapatos italianos.
Suele cometer dislates en sus conversaciones regadas con whisky, pero apenas pasada la resaca dará públicas explicaciones.
Se le puede graficar de la siguiente manera:
AYER: Me visto con cualquier porquería
HOY: Soy fashion
AYER: Loco de remate
HOY: Mis expresiones fueron sacadas de contexto.
AYER: Apitutado político
HOY: Asesor de gobierno
AYER: Barricada
HOY: Bloqueo de necesidad social.