Los insurrectos

por Silvestre Fugellie10 de agosto de 2011

La Colonia de Magallanes estuvo marcada por hechos de rudeza y esfuerzo y también por acontecimientos sediciosos y trágicos. El historiador Armando Braun Menéndez publicó un libro sobre la sublevación de Cambiaso y otro referente al motín de los artilleros, con sus tramas desconcertantes y lamentables.

Se dice que el Cerro de la Cruz es un hito alzado para implorar que estos sucesos deplorables jamás vuelvan a repetirse.

En la noche del domingo 11 y lunes 12 de noviembre de 1877, la principiante aldea puntarenense fue sacudida por el estampido de un cañonazo de la guarnición, provocado por algunos relegados descontentos del régimen que estimaban muy estricto y de sus jefes que tildaban de crueles. El motín fue sangriento, hubo destrozos de bienes públicos y varias viviendas incendiadas.

Cuenta el historiador nombrado, que la gobernación fue quemada y que el gobernador, Diego Dublé Almeyda, al ver las llamas, corrió en ayuda de los suyos alcanzando a sacarlos semidesnudos y llevarlos a los galpones levantados cerca de la playa. Al regresar mató con su revólver a un amotinado que trataba de operar un cañón; pero fue golpeado en la cabeza con la carabina de otro, quedando desvanecido. Despertó al ruido de una cureña operada por los amotinados que se desplazaba a toda velocidad y que pasó sobre sus piernas. Se levantó como pudo y algo repuesto fue arrastrándose hasta lograr ocultarse detrás de la iglesia.

Al reponerse tuvo la entereza de dirigirse en busca de la cañonera “Magallanes”, que efectuaba levantamientos hidrográficos en el seno Skyring. Mientras iba hacia el lugar se encontró con tres pobladores que venían a caballo. Ellos lo condujeron al seno nombrado donde fueron avistados y recogidos por una embarcación de la nave y llevados a bordo. El comandante Juan José Latorre se enteró de los graves hechos y enfiló el barco hacia la población. El día 14 de ese mes desembarcó una tropa armada y estableció el orden en la Colonia.

Lo ocasionado por esta bullanga fue desgarrador. No quedaba en pie ningún edificio fiscal. Incendiaron la gobernación, escuela mixta, cuartel de la guardia nacional, guarnición y departamento de relegados, hospital, botica, casa del boticario, del médico, almacén de ferretería, oficina de correos, la máquina de aserrar madera y otros implementos.

Se cuenta que de los ochenta y dos artilleros y relegados que huyeron de Punta Arenas, catorce fueron asesinados por sus propios compañeros, otros murieron de hambre y privaciones, cinco quedaron en poder de los indios y el resto fue encarcelado.

De los quince amotinados que capturó la cañonera “Magallanes” siete fueron fusilados y ocho quedaron en prisión.
En la sublevación anterior provocada por el teniente Cambiaso, detenido el 23 de febrero de 1852, el Consejo de Guerra, presidido por el capitán de navío Roberto Simpson, impuso al teniente la pena de muerte y la relegación a la isla Juan Fernández para sus cómplices. El 4 de abril de 1852 Cambiaso fue fusilado en el cerro Cárcel de Valparaíso, lugar visible desde el mar y de varios puntos de la ciudad. Cerca de veinte mil curiosos horrorizados vieron cómo el cadáver del sublevado era descuartizado.

La toma de posesión del Estrecho, la instalación del fuerte Bulnes y su traslado a la campiña de la actual Punta Arenas, son hechos históricos de connotación. Una pequeña aldea levantada en el extremo sur del país y que marchaba en pos del progreso, se vio de pronto enlodada por estos dos hechos irracionales que, sin embargo, no lograron detener su crecimiento y prosperidad.