A propósito de la discusión respecto a la legislación del aborto, particularmente el terapéutico, y antes de cualquier equívoco, debo auto declararme como un simple ciudadano pro vida, pero debo efectuar algunas precisiones.
Efectivamente y a pesar de no ser creyente, sino que un modesto humanista y libre pensador, no podría autorizar que en el seno de mi familia se optara por el aborto en el caso de que alguna de mis hijas quedara embarazada de su pareja (de hecho ya tengo una nieta de un año y meses); efectivamente aquella opción, en atención a mi estructura familiar, situación económica, cultural y social, sería inviable. El problema es que se dan una serie de otras situaciones que pareciera no se atienden en la discusión.
Así por ejemplo, ¿qué pasa efectivamente cuando se acredita científicamente que en su crecimiento, el feto presenta malformaciones que hacen inviable su desarrollo posterior como ser humano… o cuando el crecimiento y desarrollo del feto pone en riesgo real la existencia, la vida de la madre? Primera situación.
Por otra parte ¿qué sucede, en consonancia con los derechos de las mujeres y la particular legislación que, entre otras cosas, sanciona el femicidio además de los actos de violencia en su contra, cuando una mujer queda embarazada consecuencia de una violación y debe asumir el nacimiento del producto de una relación sexual no consentida, una relación ejecutada muchas veces con violencia y con énfasis vejatorios?
¿Qué acontece con la pequeña que vive y se desarrolla en el seno de una familia económicamente pobre, en la cual el salario mínimo se distribuye para alimentar a los padres y se reparte además entre los cinco o seis hijos, y ésta queda embarazada, cualquiera sea la razón de dicho embarazo?...Se debe considerar la llegada de un nuevo ser para repartir el mismo salario alimentando a una boca más, y considerando que lo de la alimentación es solamente el principio, pues se trata de formar a una persona dentro de la sociedad.
Naturalmente que estas situaciones dan un espacio al pensamiento reflexivo, franco y honesto en cuanto a aquello que efectivamente podemos sostener y aquello que no; claro que soy pro vida, en la medida que yo me preocupo de la vida de los míos o, en la medida que la sociedad y el Estado asuma el trabajo y la carga necesaria para que aquellos que nazcan también tengan derecho a una vida medianamente normal y adecuada, por decir una cosa, una vida digna. Porque al final del día un hombre sólo puede defender aquellos derechos que puede sostener, sea conjuntamente o como sociedad y, por otra parte, existen situaciones indefendibles.