Las leyes son sólo leyes y en más de una oportunidad lo he señalado; ahora bien, el uso o el sentido que se dé a las mismas depende de aquellos que la interpretan o que la utilizan en última instancia.
La ley de presupuesto de la nación, es una de las leyes más importantes y fundamentales para el bien del país. En ella, básicamente se establecen las diversas partidas, aparatados o ítems a los cuales se debe imputar el gasto del Estado chileno; en términos sencillos, en la ley se indican los montos a gastar o ejecutar en un año en las materias de obras públicas, justicia, poderes del Estado, educación y todos y cada uno de los ámbitos en los cuales el Estado participa. Como se puede apreciar, a simple vista, se trata de una norma técnica que tiene por objeto asegurar el presupuesto de nuestro país para el gasto durante un año calendario.
Lamentablemente hoy se discute su aprobación y se condiciona dicha aprobación, por parte de algunos parlamentarios, en la medida que se incremente el presupuesto en materia de educación, a propósito del conflicto estudiantil.
Dos reflexiones al respecto.
a.- Nada se aprende de la historia; en más de una oportunidad el sistema político ha experimentado las indefectibles e indeseadas consecuencias del rechazo a la aprobación de un presupuesto y, en definitiva, son los ciudadanos en su conjunto los perjudicados. Mención especial amerita el solo hecho que esta actitud genera una inestabilidad política que habla muy mal de nuestros mandatarios o representantes.
b.- Una vez más una ley eminentemente técnica se convierte en una herramienta de presión política desvirtuándose su contenido y su finalidad.
En esta misma columna me he referido al conflicto estudiantil y a la necesidad de una solución razonada, consensuada e integral al problema, solución que claramente no puede pasar por esta presión inadecuada, pues los problemas del sistema educacional chileno y de su matriz educacional no se solucionan con unos millones más o menos…pensar que sólo es un problema de plata, es mirar el problema desde la perspectiva que, precisamente, no corresponde.
Es posible que al final del día se obtengan algunos millones más para el presupuesto de la educación de pregrado, pero ello sólo será una victoria vacía, pues además de utilizar la discusión de una ley para una finalidad que no corresponde, se ha desatendido el sentido y los argumentos de las manifestaciones de los últimos meses y estas dos conductas: utilizar en forma equívoca un instrumento y no atender a los interlocutores, son manifestaciones concretas de una pésima educación.