José Musalem Saffie llegó a la política por arte de birlibirloque, por circunstancias adventicias. Dicho en lenguaje vernacular, casi de pura cueva. Me recuerda el caso de ese obispo que se fue de vacaciones por unos días al Vaticano y se tuvo que quedar allá porque lo eligieron Papa.
“Mi vida entre líneas” (Editorial Calaqués) es un libraco de 224 páginas que transcurren muy rápido para los que “enganchamos” con la historia política chilensis.
El lanzamiento tuvo lugar en CasaPiedra, lugar en donde para lanzar un libro hay que tener agallas, pitutos y muchos amigos. Musalem cuenta con todos estos beneficios, de modo que el recinto se llenó con colegas, amigos, vecinos, parientes y curiosos varios. A ratos me sentí en Egipto, porque nunca había visto a tanto árabe en patota, charlando y haciendo recuerdos. El libro es ameno, como dije. Musalem se refiere a la álgida etapa política de los años 60 al 70, en que vivíamos una sociedad polarizada, cuando se reemplazó el argumento por la descalificación y donde sacarse la cresta era el corolario de un sueño que no podía desprenderse de la violencia para sus fines. Esa violencia verbal se enquistó en el propio Senado. Don Pepe recuerda que le dolió hasta los tuétanos cuando un colega senador, el comunista Víctor Contreras Tapia le espetó : “¡Turco desgraciado!”. Y bueno…pedirle mesura a un comunacho es como suplicar clemencia a una Financiera.
Era un Chile desbocado, que ya nadaba en una democracia “en panne” y con fecha de vencimiento.
Musalem fue un parlamentario serio, documentado y autor de la famosa Ley del sábado inglés.
Sus grescas con Carlos “Mayoneso” Altamirano fueron de antología.
Este enjuto “revolucionario de cafè” y senador del PS un día se autosugestionó con que lo suyo era defender a la clase trabajadora, aunque su pasado registraba lo contrario. Recordemos que “El Mayoneso” había sido abogado de Chilectra, que por ese tiempo era una empresa extranjera. Se trataba de juicios que llevaba el propio senador socialista en contra de los trabajadores. ¡Las vueltas de la vida!
El hecho es que Musalem toma la palabra y Altamirano no deja de torpedearlo e interrumpirlo. Hastiado de pedirle al presidente del Senado que hiciera callar al “Termocéfalo” número 1 de la izquierda chilena de entonces, don Pepe se paró en pleno hemiciclo y se agarró a combos. Como “boxeadores”, tanto don Pepe como el “Mayoneso” no calificaban ni para sparrings, pero la rabia ya estaba desatada. En el éxtasis de la trifulca, ambos cayeron al piso y de pronto el senador DC sintió que un viento rápido pasaba sobre su cabeza. Miró…y vio como su colega Julio Durán (un peleador nato e innato) agarraba de un brazo a Salomón Corbalán (PS), quien pretendía agredir a Musalem en la cabeza con una súbita y aleve patada. El incidente pudo llegar a mayores, pero la oportuna intervención de Durán calmó las aguas. Se sabía que Julio Durán era el top one de los coscachos en ese Senado, y su presencia intimidaba, ya que era tan hábil en su oratoria como en el arte de los aletazos.
“Mi vida entre líneas” está cuajado de anécdotas y relatos sabrosos de la época más afiebrada de la política criolla.
Vale la pena leerse.
Gracias a Cadaqués por hacer posible este postre literario.
Y gracias a Verónica Vergara por hacérmelo llegar…