Escribo esta columna desde el corazón del barrio Recoleta, en pleno Buenos Aires.
La llegada a Ezeiza esta vez me fue distinta.
La delincuencia -sumada a las estafas- llegó para instalarse y por los parlantes nos dan la bienvenida con una advertencia:
-“For you own safety, do not contract services offered verbally”.
O sea, hay que poner ojo, pestaña y ceja con los taxistas truchos… y con los “punguistas” en el centro.
Buenos Aires sigue bipolar, ecléctica, dislocada… pero fascinante
La noticia del mes la protagoniza el inefable Carlitos Saúl Menem, quien ha sido absuelto de las acusaciones en su contra por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia. El canciller peruano recordó que Menem es más pillo que gato de feria, porque permitió la entrega de 8 mil fusiles a Ecuador durante la guerra por la cordillera del Cóndor, en 1995.
Pero Menem tiene santos en la corte y… no le salió ni por curado.
Por algo en Buenos Aires existen solamente dos tipos de abogados: a) los que conocen las leyes; b) los que conocen a los jueces.
Menem se tutea con los últimos.
Los argentinos pueden aceptar las Ordenanzas, casi respetan los Reglamentos, pero… definitivamente con las Leyes hacen lo mismo que con los supositorios.
En la Radio El Mundo me presentan a Néstor Gentillini, el más original y exagerado de los relatores deportivos en la Argentina. De rostro atrabiliario, le falta una mano y no mide más de un metro 55. Hasta Tolousse Lautrec lo encontraría defectuoso. Trabajó de barman durante un tiempo y por su baja estatura, me dicen que era experto en preparar “tragos cortos”. Parece un personaje sacado de los viejos álbumes de Phineas Taylor Barnum, aquel empresario dicharachero que forjó el Circo Barnum.
Es hincha de Racing y admite que su amor por el balompié le ha costado dos matrimonios. Se hizo famoso cuando en 1984 la selección argentina jugaba un amistoso con Brasil. Entonces, el petiso Gentillini se puso frente al micrófono y profirió esta especie de arenga pelotera:
- “Hace su entrada al campo de juego la selección arrrrgeeeeenntinaa de futbol… encabezada por Diego Armando Maradona, el mejor jugador del mundo. Y en Argentina… uno de los mejores…”.
Así es Néstor, de ritmo trepidante y capaz de convertir en ameno hasta un partido de ajedrez.
En el Café La Opera me encuentro con Fernando Quintans, el actor cómico del momento.
Le cuento que Argentina ocupa el quinto entre los países más corruptos del mundo.
Me dice muy suelto de cuerpo:
- No, Jorge… el gobierno acaba de poner cien mil dólares para que quedemos en el noveno lugar.
Y lanza una carcajada estentórea, de esas que inundan el Café.
Quintans es flaco, desgarbado y más entretenido que un camarín de coristas.
Actúa en “LiberArte”, que queda en Avda.Corrientes 1.555
Su monólogo es costumbrista, original y pleno de talento.
No se lo pierdan cuando vengan.
Por 60 pesos argentinos se va a reír harto y quedarán con cuerda para varios días…
Me queda una semana de estadía y debo aprovechar el tiempo porque en Buenos Aires… hasta las ovejas se entretienen.