El Premio Nacional de medicina, Dr. Alejandro Goic, renunció a su cargo de integrante del Consejo Nacional de Educación a raíz de un cambio de concepto en los textos escolares de Historia. El término “dictadura” fue reemplazado por “régimen militar”. En carta al Ministerio de Educación se refirió “a sus profundas discrepancias con el contenido curricular de la asignatura de Historia”.
Goic da cuenta que no sólo se omitió la palabra dictadura sino que “se excluyeron las expresiones: “Dictadura Militar”, “Golpe de Estado”, “Supresión del Estado de Derecho” y “Violación sistemática de los Derechos Humanos”. Opina que “una presentación distorsionadora de la historia reciente de Chile puede tener consecuencias muy negativas para la formación cívica y moral de los jóvenes estudiantes chilenos”.
En los períodos oscuros siempre nuestro país ha contado con portaestandartes inclaudicables de la libertad que nos legaron nuestros padres fundadores.
En el siglo XIX la Sociedad de la Igualdad, de Arcos y Bilbao, defendió las libertades con desfiles en las calles capitalinas, esto, en el decenio de Manuel Bulnes. Durante la dictadura de Carlos Ibáñez, 1927-1931, los opositores fueron confinados a las islas Juan Fernández y Más Afuera, también a la Mocha. Arturo Alessandri Palma hizo lo suyo arrojando a las mismas ínsulas a los dirigentes de la izquierda.
Las “facultades extraordinarias” fueron leyes represivas que se aplicaron contra los opositores a determinados gobiernos.
Ahora, el Consejo Nacional de Educación olímpicamente prescinde de los términos señalados por el Dr. Goic. Este Consejo no puede alterar los hechos a su amaño u omitirlos, porque las realidades son sólidas como catedrales. Los alumnos insertos en el sistema educacional de estos días deben conocer lo ocurrido en los lapsos liberticidas del pasado, justamente para que estas trasgresiones no se repitan.
En el período de gobierno de Arturo Alessandri Palma, 1932-1938, el Servicio de Investigaciones disponía, vox populi, de equipos de torturadores en sus cuarteles. Elías Lafertte, fundador del partido comunista, con Recabarren, fue agredido y torturado en sus mazmorras perdiendo la dentadura de resultas de los golpes recibidos. Identificó a uno de sus verdugos, “gloria” del boxeo nacional, cuyo nombre omitiremos en aras del respeto a la miseria humana. La aplicación de electricidad a las víctimas era el pan de cada día. Cuando triunfó Pedro Aguirre Cerda en las elecciones presidenciales de 1938, Lafertte era senador y presidente del partido comunista, partido adscrito al Frente Popular victorioso; se le consultó a Lafertte si iba a solicitar la exoneración del Servicio de Investigaciones de quien lo había flagelado, rechazó la insinuación.
En los tiempos coloniales los patriotas eran confinados a las islas mencionadas más arriba. Juan Egaña fue una de las víctimas y relató el calvario a que fue sometido en su escrito “Un chileno consolado en los presidios”. En el siglo XX se repitieron las medidas de fuerza. La isla Melinka fue centro de reclusión, lo mismo Pisagua y Puerto Natales. Los textos de Historia de la actualidad deben recoger los hechos, describirlos y divulgarlos, dar a conocer las verdades para sentirnos más libres.