Días de celebraciones de la Patria. En los discursos alusivos a tan destacada fecha, hablamos de las fortalezas de los chilenos. Triunfadores en todas las batallas. Belicosos y respetados, con atrevidas autorreferencias. Dicen que la Cordillera de los Andes nos ha alejado del resto del vecindario, somos de mentalidad isleña. Por culpa del libro símbolo de Historia, el “Frías Valenzuela”, que mal nos enseñó historia a muchas generaciones, todavía hay ciudadanos de este país, que creen que la bravura del chileno contiene mucho del ADN de Arauco.
Quienes se han internado en los laberintos de la ciencia histórica más reflexiva, han debido concluir que la unidad del pueblo chileno, es un mito. Desde las luchas por nuestra Independencia, hemos estado marcados
por la exclusión. Los momentos del enfrentamiento, las instancias de quiebre del equilibrio social, han sido violentos y no ha existido piedad entre los bandos en disputa. Partiendo de las luchas internas de los Padres de la Patria por imponer sus razones, pasando por la Batalla de Lircay, siguiendo por con la “Pacificación” de la Araucanía”; para luego llegar al derrocamiento de Balmaceda, la persecución de los movimientos sociales, para culminar con el aplastamiento del gobierno de Salvador Allende.
Hasta nuestros días, la intolerancia y la exclusión son nuestra impronta. El último Censo de Población y Vivienda, demostró que las comunas pobres de Santiago, se están vaciando y quedando con menos habitantes. Los hijos de Cerro Navia, se están yendo a vivir a Maipú; no quieren seguir arrastrando
el estigma de vivir en lugares condenados por el referente social, de ser pobres y violentos. En definitiva,
nueve de las comunas más pobres y habitadas de la capital perdieron población en los últimos años.
En esas comunas pobres, se han construido muchos proyectos habitacionales, producto de políticas sociales. Se generó una estructura habitacional, que no se acompañó con proyectos de desarrollo para dichas familias. Las generaciones jóvenes de aquellas familias pobres, se han convencido que quieren una mejor calidad de vida, porque se la han ganado y trabajado para eso, por ello parten hacia otros barrios.
Si debiera dar una explicación del despoblamiento de Puerto Natales, comprobado por el último Censo de 2012, no dudo, en afirmar que desde nuestra ciudad se están yendo las generaciones jóvenes. Ello, por lo limitado del medio respecto de sus aspiraciones. No desean, entre otras cosas, para sus hijos una educación que los excluye por sus logros demasiados bajos. Quieren partir para tener acceso
a la modernidad y ser felices.