La Infidelidad

por Jorge Abasolo | jabasoloaravena@gmail.com | 13 de febrero de 2012

Un tipo le dice a un conocido:

-Compadre, ¿a usted le gusta practicar el sexo entre tres?

-Claro. ¿Por qué no?

-Entonces ándate al tiro pa’ tu casa porque empezaron sin ti…

Generalmente se considera que hay dos tipos de infidelidad: la emocional y la sexual.

Si analizamos muchos casos de infidelidad podemos establecer una especie de axioma. Por ejemplo, el hombre primero es infiel y después es infeliz; al contrario de la mujer, que primero es infeliz, y después es infiel.

El resultado es desgarrador en ambos casos y terminan tan depresivos que algunos no tienen ganas ni de matarse.

Todos los experimentos y pruebas realizadas en este sentido demuestran que las mujeres encuentran la infidelidad emocional más perturbadora y difícil de perdonar, ya que para ellos los afectos son cosa sublime, mientras que los hombres se inclinan por considerar que la imagen de la infidelidad sexual es mucho más angustiante para ellos. Por eso es que un hombre con un par de amantes se ve hasta simpático para el muncho de los machos, mientras que una mujer casada y con un amante pasa a la categoría de puta con suprema facilidad.

En síntesis, la mujer puede perdonar una infidelidad sexual. Lo puede tomar como un entusiasmo pasajero…una calentura fugaz, un polvito loco que no se repetirá frecuentemente. Pero lo que le cuesta perdonar es la infidelidad emocional, pues ella perdura más tiempo, y le puede hacer perder a su pareja.

Sigamos con el tema. De acuerdo a investigaciones serias, un 60% de los hombres frente al 15% de las mujeres soportan mejor una infidelidad emocional, mientras que el 85 % de las mujeres prefiere una infidelidad puramente sexual.

Pueden haber muchas razones para que alguien decida ser infiel y se puede apelar a diferentes argumentos para justificar la acción: expectativas insatisfechas, intolerancia al compromiso, una vecina harto “guenona”, distanciamiento, incomunicación, hastío de “comer del mismo filete todos los días”, apatía o demanda de atención de amor.

Hay hombres que cuando se casan se apoltronan con facilidad extrema…dejan de regalar flores o bombones… y en cuanto al físico la panza se les arranca y hasta los músculos de la nuca se les aflojan.

Por eso, tengamos presente que el buen matrimonio, la sana relación de pareja no consiste en pensar igual…sino en pensar juntos.

Y entre dos…porque entre tres la cosa “huele a peligro”, como dice la Miriam Hernández.

Finalmente, permítanme decirles que existe la infidelidad deliberada, generalmente practicada por mujeres que siempre han tenido una vida ligera…casi corriendo.

Como ejemplo valga el caso de aquel chico que llegó corriendo adonde su madre para decirle:

-Mamá, mamá…¿cómo se explica que papá sea negro, tu blanca y yo amarillo?

La madre con resignación musulmana le responde:

-Ay, mi niño…si supieras la orgías que hubo ese día…Lo que me extraña es que no ladres.