La Independencia de Jocelyn-Holt

por Jorge Abasolo | jabasoloaravena@gmail.com | 16 de enero de 2012

Alfredo Jocelyn-Holt es un historiador serio, poco simpático y con cara de solemne. Sus libros son polémicos aunque interesantes. Acaba de lanzar su “Independencia de Chile” a través de Editorial Random House Mondadori (445 páginas) que Paula Jarpa me ha hecho llegar gentilmente.
El trabajo de Alfredo es interpretativo y revisionista. Gira en torno a un hecho vastamente recordado.
Pero…¿qué pasó realmente aquel 18 de septiembre de 1810?
Había que independizarse, claro. Pero todo fue “a la chilena”.
O sea, propiciando la independencia pero jurando lealtad al Rey Fernando VII.
Doble standard... ¿En qué quedamos?
Lo que más queríamos los chilenos era salir de la monarquía.
¿Y a quien elegimos como presidente de la Primera Junta de Gobierno?
¡A un monarquista!
Claro. Don Mateo de Toro y Zambrano era español hasta los tuétanos y partidario de la monarquía.
Menos mal que el viejo estaba decrépito y lo que afirmaba en un momento lo desmentía al rato siguiente.
Bueno, en esto no se diferencia mucho de los políticos chilenos actuales…
Era viejo el hombre...estaba muy achacoso...
Dicen que incluso había visto como cuatro veces el cometa Halley.
Eso de invitar a la Junta a sólo 14 españoles no cuenta mucho porque forma parte de la pillería chilena.
Habían mil 900 españoles en Chile y se invitaron sólo a catorce.
No éramos virreinato...éramos Capitanía General...éramos pobres...éramos patriotas, pero no éramos huevones.
La cosa tenía que venir arreglada.
Hasta ahí, ningún problema.
Ya les recordaba que elegimos presidente de la Junta a un partidario de los realistas.
Lo lógico sería que un chileno hubiese quedado como vice-presidente de la mentada Junta.
Pero, ¿qué pasó realmente?
Aquí surgió una lacra muy sintomática del alma chilena y que forma parte del stock de manías nacionales.
¡Nadie quería hacerse cargo de la vice-presidencia!
Entonces, ¿qué hicimos?
Optamos por lo más salomónico...pero salomónico a la chilena!
Elegimos de vice-presidente a alguien que no estaba presente.
¡Era la única manera de que no se negara!
Y así fue como elegimos al curita José Antonio Martínez de Aldunate...¡que no estaba presente en la asamblea!
Y el hombre, como buen samaritano,...no se negó...
Pero faltaba más. El día de la Junta no se redactó acta alguna.
¡No se redactó acta! Típicamente chileno. Para no dejar rastros, claro...
En una de ésas nos salía el tiro por la culata con la independencia y había que preparar la táctica para quedar bien con nuestros enemigos.
Sólo unos días después apareció en el libro del Cabildo una proclama que no está firmada por nadie...y que jura dar “hasta la última gota de sangre por Fernando VII.”.
Antes de agosto de ese año, la personalidad del Cabildo ya se había expresado cuando la Real Audiencia les pidió encarecidamente que, de una vez por todas, discutieran si había que reconocer o no a la junta Regidora de Cádiz, a la cual, tras darle muchas vueltas, reconocieron, pero sin juramento.
¿Habráse visto Junta más chilena que ésa?
En todo caso, tanto la Conquista de América como la Independencia de Chile fue fruto de la iniciativa privada...de unos pocos.
Siempre sucede así.
Esto es connatural al ser humano...
A la hora que esperamos que el Reino de Chile se pronuncie como tal, todavía seríamos colonia española.
O tal vez habríamos mandado no a un embajador, sino a un operador para que le declarara la guerra al Rey.
Pero, ¿ustedes creen que un chileno estando allá en España, con viáticos a cargo de la corona, pasándolo la raja, le habría declarado la guerra al Rey?
Ni cagando...
El operador habría vuelto diciendo que el rey no es tan malo, que está mal asesorado...que en el fondo España nos quiere...y que por último todo esto hay que estudiarlo a través de una comisión...
En todo caso, “La Independencia de Chile”, (Editorial Random House Mondadori) es un texto que vale la pena engullir este verano.
Mal que mal –como dice el autor- la Independencia trajo consigo un cambio efectivo, y no meramente cosmético, como señalan algunos revisionistas pasados de revoluciones.

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