La hipocresía de las leyes

por Carlos Contreras | carloscontreras.quintana@gmail.com | 27 de septiembre de 2011

En más de una oportunidad se me ha indicado, por apreciados y no tan apreciados interlocutores, que las normas tienen características propias de las personas, así por ejemplo, las leyes son malas, son horribles, son indignas, son ridículas, son injustas. Durante bastante tiempo me he dado el tiempo para explicar que las normas simplemente son y que las características humanas que se le atribuyen no corresponden, cuestión que no es tan simple de trasmitir, pero gracias a una persona que me dio su último y categórico juicio me permite hacerlo en este espacio: “las normas son hipócritas”. Veamos.

El diccionario de la real academia española señala al respecto: “Hipocresía: fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. Es evidente, no puede existir una característica negativa del actuar más humana, de notoriedad importante, que la hipocresía; casi tanto como una característica positiva, de notoriedad importante: la bondad. De esta forma se hace más fácil explicar que las normas jurídicas o las leyes no son buenas o malas, no son veraces o falsas, sino que simplemente son; éstas pretenden regular de la manera más objetiva posible una situación en beneficio de la convivencia social, por lo tanto, la ley simplemente ES LEY.

El problema de la calificación de la ley con características o actitudes humanas es que, tanto en su origen como en su realización interviene el hombre; en efecto, las leyes son generadas y aprobadas por un Parlamento compuesto por seres humanos, son aplicadas por los Tribunales de Justicia que están compuesto de jueces y, por último deben ser observadas y obedecidas por seres humanos. Ante esta constatación es fácil dar cuenta que en su origen las leyes no son buenas o malas, ni tampoco en su aplicación…son solamente leyes, pero dependiendo de quien las aprueba, quien las aplica o quien las debe obedecer, podemos empaparlas de las características de la persona, sea en casos particulares o en caso generales, así si una ley que fortalece los valores morales y familiares es defendida y aprobada por aquel que tiene una vida licenciosa y de juerga podría ser tachada de hipócrita, aunque la ey en si misma fuera buena para la sociedad. Como se puede apreciar siempre es más facil explicar con ejemplos negativos.

No debemos olvidar que hoy, mucho más que antes, los actos de quienes participan en el maravilloso proceso de la formación y aplicación de las leyes son observados por los ciudadanos, tanto como las actitudes y características de las personas que en él participan, por ello la ley simplemente es ley y son las personas las que le dan carácter que en si mismas no tienen.