La economía no mide el alma

por Jorge Abasolo | jabasoloaravena@gmail.com | 11 de julio de 2011

El chileno de hoy es exitoso… en cifras.

¿Pero qué pasa con el trabajo acerca de uno mismo?

¿Extremamos demasiado lo laboral, para olvidarnos de lo espiritual?

El beneficio de tener más cosas lo logramos a costa de vaciar el alma.

El país ha crecido, se manejan más cifras y hasta el obrero dejó atrás el complejo de serlo. Ahora camina orondo por la vida y se sigue reconociendo pobre, pero se ufana de comprar cosas.

¿Tuvimos que llegar a esto para darnos cuenta que lo espiritual no tiene sustituto?

¿En qué momento le pusimos precio al alma?

El chileno de hoy, más seguro, más presumido, más atuendo y menos persona. Se ha confundido en un mar de dudas.
Ha reemplazado el espiritualismo por el materialismo.

Cree que los sueños se pueden arrendar y hasta piensa que la ilusión se puede adquirir en cómodas cuotas mensuales.
El chileno ha reemplazado la inercia por la flojera, la disciplina por el levantarse temprano; y la virtud por la costumbre.
Estamos confundidos.

¡Hemos llegado a confundir el éxito con el mérito!

El costo ha sido una falta de ganas, un déficit de ilusión o eso que los académicos llaman atonia volitiva, y que no es otra cosa que andar con el alma en borrador, sin poder pasarla en limpio.

Quisiera equivocarme pero temo que la próxima generación pueda ser convencida por Facebook que a la Iglesia se pueda asistir de manera virtual.

Cuidado: De ahí hay un paso a poner una estación de peaje camino a un campo de oración y rodear una parroquia de parquímetros.

Algo pasa en mi país.

Un desgano mayoritario cunde y hasta horada el alma.

Los chilenos de hoy tenemos más, ganamos más y hasta nos debiera invadir la alegría al ver que estamos ganando la batalla contra la pobreza.

Aún así, el chileno no se ve feliz. En su alma hay un rescoldo de tristeza que a ratos aflora de modo espontáneo, como asoman todos los estados que no tengan que ver con la impávida razón.

¿En qué momento confundimos el banco con la Iglesia, y el confesionario con una financiera?

¿Cuándo el estado bancario pasó a ser más importante que el Credo?

¿Por qué diez mil pesos valen más que Diez Mandamientos?

¿En qué momento confundimos la gordura con la hinchazón, la legalidad con la justicia, la emoción con el sentimiento y hasta trocamos la sobriedad con el arribismo?

¿En qué momento empeñamos la humildad y compramos la felicidad por leasing?

¿Tantos años predicando una cosa y haciendo otra?

En nuestra tierra las revistas de economía desplazaron a las espirituales, los programas de cocina se ven más que la Misa del Domingo y una monja no puede aparecer en pantalla porque aburre, en un mundo hasta donde una homilía del Papa puede bajar el people meter.

Estamos en un mundo en donde la semana santa se viaja más que se reza, se va de vacaciones más que de retiro y en donde tanto feriado seguido permite hacer un buen asado el sábado, para ir a misa el domingo. En ese orden.

Jesucristo y el Dalai Lama son respetados pero no venerados.

Si vinieran a Chile, ¿sería necesaria la entrada gratuita para tener no arriesgarse a tener la sala vacía?

¿Por qué creemos que hasta la fe se puede adquirir al contado y para la idea de Dios bastaría con un buen crédito?

El dinero compra bienes, compra sexo, pero no amor, compra servicios, compra autos, compra casas y mucho más.

Es importante el dinero, claro.

Aún así, no conozco a nadie que se haya enamorado de una balanza de pagos.