La cordada

por Alfredo Soto | alfresoto@gmail.com | 3 de abril de 2012

En un espacio que me di durante el fin de semana, tomé en mis manos una vieja bitácora de mis actividades de montaña de la década de los ‘80 que confeccioné mientras me iniciaba en los albores de mi profesión como educador. Hacía tiempo que no repasaba viejas aventuras compartidas con colegas y amigos en algún volcán de la zona Sur que era nuestro predilecto objetivo en cada salida a terreno, previamente planificada y rigurosamente ejecutada con disciplina y mucho entusiasmo.
Para lograr ese estado de seguridad de plantearse varias metas, entre ellas, la aproximación al área del objetivo, la escalada propiamente tal hasta lograr la cima, el descenso que siempre presentaba los peligros mayores, y finalmente el retiro desde el sector elegido, no era otra cosa que el trabajo en equipo de los integrantes de cada salida y para ello se requería de mucho contacto, intercambio, transferencia, evaluaciones y retroalimentaciones en conjunto, utilizando las virtudes de cada uno y sabiendo al mismo tiempo las deficiencias que podía arrastrar cada uno de nosotros como le denominábamos el “equipaje invisible”. Todo esto conforma lo que llamamos en jerga de montañeses: la cordada.

La cordada es un grupo de personas que se proponen un objetivo en común y trabajan para ello utilizando todos los recursos a su disposición guardando toda la atención celosamente de la proporcionalidad de las capacidades que sean acordes a lograr con éxito la meta planteada. El gran riesgo de una cordada es que alguno de sus componentes lleve en su “equipaje invisible” una fuerte intención de individualismo y no de un ser que desde su perspectiva personal trabaje y colabore en el bien común en pos de la meta elegida. A esto le llamaremos individuación. Entendiendo que el primero, el individualista, nos aleja de la armonía inicial a través de la motivación conseguida, nos aliena de los demás, esconde en la manipulación del desencuentro, el miedo y la necesidad de controlar.

El segundo y que piensa colectivamente se conduce hacia los otros, hacia el encuentro genuino y auténtico con el tú que nos refleja en la común y maravillosa aventura de vivir. En este mismo concepto encontramos el camino hacia la horizontalidad y la humildad, en el individualista, la verticalidad y la soberbia. Ser uno mismo es descubrir que todos somos uno y sin embargo cada uno expresa la unidad en su forma particular. Con el tiempo y entrenando en cada salida con grupos, ante la diversidad de sus componentes me ha permitido desarrollar los rasgos actuales de un liderazgo absolutamente construido a través de la experiencia y el conocimiento de quienes me acompañan en esta aventura logrando incluso determinar perfiles de quienes conforman “Las Cordadas”.

Finalmente no deja de ser interesante promover este conocimiento de la conformación de las cordadas en otros ámbitos de la vida, tanto en el trabajo como en aquellos grupos sociales y políticos que deben tomar decisiones importantes para conseguir la verdad absoluta de lograr la “cumbre” de las cosas tanto cotidianas en la convivencia como en aquellas más foráneas que persigan siempre el bien común.