Fumar es un placer… peligroso

por Jorge Abasolo | jabasoloaravena@gmail.com | 24 de octubre de 2011

Aunque las estadísticas revelan más de dos millones de víctimas fatales por año en el mundo como consecuencia de este vicio, los fumadores se multiplican como promesas en tiempos de elecciones. Fíjese amigo lector que si usted deja de fumar:

- A los 20 minutos la presión, el pulso y la temperatura se normalizan.

- A las 24 horas disminuye el riesgo de infarto cardíaco. ¿Qué tal?

Ahora si usted deja de fumar de noche cómodamente acostado en su cama, disminuye el riesgo de que se le incendie la casa.

Así como contra siete vicios hay siete virtudes, ocurre que en Francia, por ejemplo, cien mil franceses viven de la industria del tabaco. Luego, surge el lógico dilema: ¿es más importante que cien mil abyectos fumadores mueran de cáncer al pulmón o que cien mil franceses perezcan de hambre con sus familias al paralizar la fabricación de cigarrillos?

Si lo pensamos bien, a la postre viene a ser lo mismo, con la atenuante –en el primer caso- de que el fumador morirá con la conciencia tranquila al saber que hay miles de ciudadanos que no pasan necesidades gracias a su falta de voluntad. Mis vivencias empíricas me han llevado a concluir que el cigarrillo es un ansiolítico barato y aceptado socialmente, razón por lo que su consumo se justifica hasta lo indecible.

En el condominio en que vivo tengo un vecino que fuma más que maricón celoso. Llegó a este extremo a raíz de la publicidad engañosa (en verdad no conozco otro tipo de publicidad)

Lo que ocurre es que el marketing insiste en hacernos creer que si fumamos cierta marca de cigarrillos no envejeceremos, andaremos en estupendos autos y tendremos tanto éxito con las mujeres como Luis Miguel a la salida de un recital.

Mi amigo se compró el cuento. Me dijo que empezó a fumar cierta marca de cigarros porque se iba a convertir en algo así como un sacapuntas. O sea, se iba a comer las mejores minas. Fumaba hasta dos cajetillas diarias, pero no pasaba nada con las mujeres. Intenté persuadirlo de su error, y con entusiasmo de político en campaña, me dijo que era cuestión de tiempo. A los cinco meses me llamó por teléfono para contarme que al fin se había pinchado una mujer sensual, estupenda, de esas que sólo se ven en los calendarios. Agregó que ya había marcado la cita para un viernes.

De puro copuchento lo llamé el lunes para saber cómo le había ido con la chica de calendario. Acongojado, me confesó que todo anduvo bien hasta que salieron a bailar. Al segundo atraque ella lo rechazó por tener muy mal aliento y los dientes amarillos.

Desde ese día mi amigo dejó el cigarro. Ahora suelo verlo con una pipa en la boca, pero las mujeres le siguen siendo esquivas. Yo le puse como apodo “El Bicicleta con Suerte”.

No pincha nunca.

Luego, convendría que quienes gozan de trabajo bien remunerado a costa de los que fuman formen un fondo común para levantar un monumento funerario al “Fumador Desconocido”, como expresión de gratitud.

Pero intuyo que no lo harán y por una razón muy sencilla. Porque en la fauna humana existen más ingratos que fumadores, lo que no es poco decir.

(Escrito en memoria de Mahfud Massís)

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