Freirina: ¿radiografía nacional de nuestra conciencia ecológica?

por Eduardo Pino | eduardo.pino@umag.cl | 25 de mayo de 2012

Lo sucedido en Freirina por estos días da para escribir un guión de película de terror. Ante las violentas protestas de los vecinos del lugar (y también de los encapuchados de siempre que se encargan de provocar desmanes) debido a los malos olores y precaria calidad del ambiente que afectaba a los hogares de miles de personas del lugar, reclamos que venían desde septiembre del año pasado; es que los encargados de la mega planta de alimentos de Agrosuper huyeron dejando a medio millón de cerdos abandonados a su suerte. Los animales estuvieron varios días sin agua ni alimento ya que los trabajadores temían volver a sus labores. Al final primó la cordura y se permitió el acceso a las dependencias donde se encontraban los hacinados porcinos, a fin de evitar una verdadera catástrofe ambiental. Y aunque la versión oficial de la mega fábrica alimenticia explicó que la mortandad de chanchos fue mínima y sus restos serán tratados a través de un complejo proceso sanitario, la confianza que la comunidad depositó en la empresa privada y en las autoridades regionales que permitieron su funcionamiento parece estar más que trizada.

En forma inevitable este hecho nos recuerda lo sucedido en las cercanías de Malloa, cuando el fin de Semana Santa miles de automovilistas vieron bloqueada la carretera y fueron víctimas de un taco de decenas de kms debido a la protesta de vecinos ante los nauseabundos olores emanados de otra industria que posteriormente fue cerrada.

Pero más allá del fenómeno social del “pataleo mediático” para que se sensibilicen autoridades regionales, se tomen medidas que favorezcan a la gente y hasta se apersonen algunos ministros (la hipoacusia ante algunos sectores es algo común en todos los gobiernos no importando su color); sería bueno reflexionar acerca de la percepción que tienen las personas y autoridades sobre el equilibrio que debería presentarse entre un desarrollo sustentable a nivel económico y el cuidado del medio ambiente, ya que ambos tendrán irremediables consecuencias en el ámbito social.

La Psicología Ambiental se inició tímidamente en los 70, para desde los 90 hacer notar en forma progresiva su principal objeto de estudio: las actitudes y conductas que las personas presentan ante el medio ambiente y la ecología. Según esto, algunos autores han descrito 3 tipos de personas: los antropocentristas, que piensan que la naturaleza se encuentra al servicio del bienestar del hombre, por lo que habría que controlarla para que siga produciendo para nosotros mismos; los biosferistas, cuya posición se basa en valorar y respetar la naturaleza y el entorno debido al valor que por sí mismos ya poseen; y los apáticos, cuyo escaso interés en esta discusión les lleva a mantenerse al margen. Resulta interesante encontrar que a pesar que muchas personas pueden declararse abiertamente defensoras de la naturaleza y su conservación (o sea poseen una actitud favorable hacia la ecología), sus conductas observadas distan bastante de mostrar una real preocupación por su medio ambiente (por ejemplo no reciclan, no cuidan el agua, derrochan energía, no están dispuestos a hacer pequeños sacrificios ya que se han acostumbrado a un estilo de vida en que la comodidad no se transa). La mayoría piensa que su aporte será insignificante o que es el vecino quien debe comenzar a mostrar conciencia ecológica. Aún más, los verdaderos conflictos medioambientales son importantes cuando tocan la puerta de la casa o afectan la calidad de vida de la propia familia, lo demás debe ser arreglado por otros. Si la educación es lo que nos salvará de futuras catástrofes ecológicas y sanitarias, sería aconsejable ir analizando qué posición tenemos como ciudadanos ante estos fenómenos, además de exigir claramente de parte de nuestras autoridades su planteamiento. Sino, sentémonos esperando donde explotará el próximo “Freirina”, rogando que no sea muy cerca nuestro.

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