Festejo olvidado

por Abraham Santibañez | abe@abe.cl | 3 de septiembre de 2011

“Chile es mucho mejor que lo que vemos todas las noches en los noticiarios de televisión”. Aunque previsible, el comentario del Presidente Piñera resulta contradictorio si se recuerda que le costó meses desprenderse de la propiedad de Chilevisión.
Su desahogo, el miércoles pasado, en Putaendo, refleja el mismo malestar que embarga a todo gobernante frente a los medios de comunicación. Democráticos o dictatoriales, los gobiernos inevitablemente terminan sintiéndose víctimas -injustamente- del trabajo de los profesionales de la comunicación. A todos les gustaría poner riendas a algunos comunicadores o, por lo menos, amordazarlos. Pero -¡claro!- ese es un lujo que solo pueden darse las dictaduras.
Ya lo sufrimos en Chile. Mejor aún, aunque no le guste al Mandatario, la libertad de expresión ha ido mejorando sin interrupción desde el 11 de marzo de 1990. Primero se eliminaron las graves restricciones, introducidas en 1984 en la Ley de Abusos de Publicidad. Después, en el gobierno de Eduardo Frei, se eliminaron la censura cinematográfica y el desacato.
Ricardo Lagos Weber, entonces secretario general de gobierno, dijo que “este fue un tremendo paso en aras de la igualdad, pues se terminó un privilegio que no tiene fundamento y es un obstáculo importante para el ejercicio del periodismo”. En 2005, en las reformas constitucionales se excluyó la protección a la “vida pública”.
Lo más destacable, por cierto, fue la promulgación, en 2001, de la Ley 19.733, “sobre libertades de opinión e información y ejercicio del periodismo”.
En junio pasado cumplió diez años de vida. La ocasión, cuando ya empezábamos a vivir este largo invierno de protestas, pasó inadvertida. Es razonable que así haya sido en un país donde tienen más relevancia los desastres que los triunfos.
La Ley de Prensa no es perfecta. Pero es la mejor de nuestra historia. Y, según me hacen notar mis alumnos en la Universidad cuando les pido su opinión, hace falta algo parecido en otros países del continente.
Con una ley como ésta, comenta un estudiante, no se habría podido clausurar –aunque fuera temporalmente- la revista Sexto Poder, de Venezuela. La ley chilena garantiza la crítica no solo artística, literaria, deportiva o cultural, sino también política.
La caricatura titulada “Las mujeres de Chávez en el poder” mostraba a cada una de ellas en un rol específico "dentro del cabaret dirigido por Mister Chávez". La reacción oficial fue la detención fulminante, aunque breve, de la directora de la revista. Se adujo “instigación al odio”.
En otros países, cuando no son los gobiernos, son las bandas armadas, especialmente los narcotraficantes, quienes tratan de doblegar a la prensa.
. Fue un error que en el aniversario de la Ley de Prensa los chilenos no hayamos hecho un alto en nuestro quehacer para meditar acerca de la importancia del periodismo que tenemos.
Así, habría sido difícil que el Jefe de Estado criticara de manera tan liviana a los canales de TV, olvidando que uno de ellos fue de su propiedad.

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