Al Presidente Piñera no le faltan asesores comunicacionales. Lo malo, según se aprecia, es que no les hace caso. En este momento en que está tan vapuleado en las encuestas (CERC y Adimark), yo me permitiría sugerir un nuevo maestro. Se trata de Eduardo Bonvallet, quien creo que, con algunas reservas, podría servirle como un buen modelo para la tele.
Recordemos que el ex futbolista, castigado por los tribunales de justicia y de la ética por sus exabruptos (radiales, especialmente), asentó fama mediática gracias a sus presentaciones en TV. Elemento fundamental fue, sin duda, el pizarrón magnético donde graficaba estrategias.
Al discurso del martes pasado del Presidente le faltó un parecido apoyo. Si es cierto que la gente le cree poco, probablemente le tendría más confianza si, junto con los anuncios, los hubiera ido señalando, plumón en mano, en un pizarrón. A lo mejor ya sabríamos cómo se distribuirán los cuatro mil millones de dólares ofrecidos...
Me hago pocas ilusiones.
El Olimpo del periodismo lo habitan los grandes medios internacionales, especialmente los impresos. Gozan de una amplitud de enfoque que cuesta encontrar en medios locales. Desde la distancia, los medios “de prestigio” dictaminan sin límites respecto de lo bueno o lo malo de otro país (casi nunca el propio). The Economist calificó al Presidente de “testarudo”.
Time aseguró que no ha aprendido la lección de Michelle Bachellet tras la revuelta de los pingüinos. La coincidente alusión a la ex Presidenta en ambos comentarios, es sin duda el aguijón más doloroso. Agravado en los últimos días por dos datos: la baja de la popularidad y la persistente imagen de Michelle Bachelet como la mejor carta presidencial.
Se supone que estos calificativos hacen mella en el corazón de La Moneda. Pero no siempre se nota. Es lo que ha ocurrido con los llamados insistentes a que el Presidente se involucre menos en el día a día, que racione sus apariciones, que hable menos y delegue más. Por momento pareció que iba a hacer caso de estos consejos. Loreto Daza y Bernardita del Solar Vera, autoras de “Piñera, historia de un ascenso”, llegaron con optimismo a una conclusión positiva:
“Ha aprendido a abrazar”, les comentó un anónimo ex senador. Y, dicen, “no es un logro menor. También ha aprendido a escuchar más y a tratar de controlar su irónico sentido del humor”.
El martes pasado, sin embargo, se vio un Presidente que sigue hablando con exceso de adjetivos y pocos datos específicos. Aunque el papel opositor es criticar siempre, es fácil encontrarles razón a expertos como José Joaquín Brunner:
“El Presidente ofrece un marco muy general en su anuncio, pero no queda claro cómo se van a concretar, algunos supongo serán proyectos de ley, pero no dice los plazos, ni con qué interlocutores va a conversar para poder llegar al acuerdo que está buscando”.
Puede parecer duro, pero a mi juicio es peor el exceso de entusiasmo mostrado en Palacio o en las bancadas oficialistas en el Congreso.