Durante la Segunda Guerra Mundial explotaban el carbón de la isla Riesco para enviarlo a Buenos Aires. El movimiento marítimo de las operaciones era efectuado por las naves de la flota regional “Austral”, “Río Verde”, “Río Santa Cruz”, “Lovart”, “Patagonia”, “Cordillera” y “Keel-Row”, de cien a trescientas toneladas de registro, que viajaban desde Punta Arenas hasta el seno Skyring surcando el canal Jerónimo, seno Otway y canal Fitz Roy.
Las minas, especialmente la Elena, estaban bajo tierra y en túneles con rieles por donde corrían las vagonetas cargadas, que traspasaban la bocamina hasta el embarcadero y volteaban el mineral a las bodegas de los barcos regionales. Estas naves regresaban a la bahía de Punta Arenas y atracaban al costado de las barcas “Andalucía” y “Alejandrina”, a las que trasbordaban su carga. Las barcas conducían alrededor de tres mil toneladas, estaban emperifolladas y con su arboladura a punto. Eran remolcadas a la capital argentina por los vapores de la Compañía Chilena de Navegación Interoceánica “Arica” y “Arauco”. Completaban el itinerario en unos siete días y en condiciones bastante adversas durante los oleajes del océano Atlántico.
Por entonces decían que en una de estas travesías la tempestad había obligado a cortar el remolque y la barca quedó a su suerte. Capitán y tripulación eran diestros en el manejo de veleros y así lo demostraron. Alzaron el velamen y navegaron a merced del viento. Comentaban que la barca había llegado al puerto de destino antes que el vapor que la estuvo atoando.
Pero como todas las cosas tienen su fin, terminó la guerra, las galerías de las minas quedaron abandonadas, tapiaron sus bocaminas y las barcas se perdieron para siempre: La “Alejandrina” se hundió cerca de San Antonio y la “Andalucía” garreó hasta la costa de Tierra del Fuego. Y ese lignito encerrado bajo el manto verde de la hermosa isla detuvo su actividad.
Actualmente hay un proyecto que contempla la explotación abierta de cinco yacimientos de carbón: Adela, Río Eduardo, Área Oeste, Mina Elena y la Estancia Invierno que iniciará las operaciones. Este campo pertenecía a una estancia ganadera y fue adquirido por las empresas Copec e Inversiones Ultraterra pertenecientes al grupo Ultramar. Sus propietarios aseguran que la explotación del yacimiento Estancia Invierno se hará con las mismas consideraciones ambientales como es uso en los países desarrollados. Manifiestan que iniciarán la construcción de ochocientos metros cuadrados de invernaderos y otra serie de medidas tendientes a la rehabilitación y recuperación de los suelos con planes de forestación. Dicen que además tienen destinadas más de mil seiscientas hectáreas para la actividad ganadera, con unos mil setecientos ovinos y más de trescientos bovinos. Estos animales son los que estarán más cerca de la mina y de tal manera la sociedad demostrará que ganadería y minería pueden combinarse perfectamente en un margen sano de explotación.
En la isla, aparte de su riqueza carbonífera, existen estancias ganaderas como El Trébol y Caledonia de los MacLean. En El Trébol hay una construcción al estilo inglés rodeada de un hermoso jardín. Tiene dos mil quinientas hectáreas que, junto a la Caledonia de mil quinientas, controlan unas tres mil cabezas de ovejas y unos cuatrocientos vacunos. También funcionan las estancias de la sucesión Secundino Fernández y la Anita Beatriz de Javiera Stipicic. El lugar es montañoso, tiene cordilleras nevadas en el centro, lomajes cubiertos de exuberante vegetación y está rodeado por los senos Otway y Skyring.
De su geografía insular sobresalen laberintos intrincados de atractiva belleza.