Todos los días sábados, al mediodía en una emisora local, conversamos sobre los acontecimientos de nuestra actualidad. Lo considero un buen ejercicio en días donde la globalización, nos obliga a compenetrarnos de cuestiones que no nos interesan; como podrían ser los colados del Transantiago o la violencia en el interior del Metro.
En el último programa, nos acompañó la actual alcaldesa de la municipalidad de Torres del Paine, Anahí Cárdenas. Esta comuna será un hito importante en las próximas elecciones. Partamos diciendo que se prevé un escenario conflictivo, no en lo político, sino en lo familiar. Quienes postulan al cargo de alcaldesa serán dos primas, ya que Anahí va a la reelección, apoyada sorpresivamente y contra todo pronóstico por RN. Su prima - la contendora - es Marcela Cárdenas, hasta ayer consejera regional por la Udi y levantada como candidata independiente por el actual alcalde de Puerto Natales y cuñado, Fernando Paredes.
Sabrosos acontecimientos, más dimes y diretes, puestos en cartelera como publicidad de un “reality”, aumentan las expectativas y morbosidad de los ciudadanos. Menos preocupados de las ideas, esperan y especulan sobre las futuras confrontaciones al calor de la campaña. Es posible, que debido al ningún posible protagonismo, la Concertación, ni siquiera presentó candidato al cargo en disputa.
Es innegable, que este capricho de Fernando Paredes de imponer una postulante en la contienda, sea un error de cálculo. Lo del cuadrilátero electoral vecino puede salpicar la contienda para la reelección en Natales. Pero este actuar -muestra evidente de clientelismo político- es un cuadro clínico que invade y corroe a la coalición gobernante por todo Chile.
Hay mucha preocupación en la Alianza de gobierno. Se trasluce en las opiniones del diario “La Segunda” del sábado último. El clientelismo político, consiste en poner personas en puestos de poder, ya sea familiares (nepotismo) o por relación de amistad (amiguismo). En el recuento, el ciudadano informado se percata y deduce; “los de ahora, están abusando más del recurso del método que los de antes”. Pero pese a todo, somos lejos una de las democracias más sólidas en América Latina, replican quienes nos gobiernan.