Estaba en Buenos Aires. Desde allí escribió al empresario Romeo Mattioni y fue contratado para actuar en Punta Arenas. Se embarcó en el vapor “Asturiano” y una noche, en la cámara del buque, compuso una canción para su tierra. Me refiero a José Bohr.
En 1965 regresó al sur procedente de Noruega y nos manifestó:
“Hace cuarenta y siete años me cupo con un grupo de amigos entusiastas dar vida a la incipiente industria cinematográfica de Magallanes. Se produjeron en aquel tiempo varios noticiarios bajo el título de “Actualidades magallánicas”, una serie de comedias musicales y una producción de largo metraje, “Magallanes de ayer y hoy”, que mereció comentarios elogiosos por parte de los parlamentarios, que por su intermedio conocieron a la Provincia con ocasión del Cuarto Centenario del Descubrimiento del Estrecho. He llegado nuevamente a Magallanes en un peregrinaje emocional. Me he encontrado con muchas realidades nuevas y estimulantes perspectivas para el porvenir”.
José Bohr abrigaba en sus entrañas el espíritu afectuoso del austro. Siempre decía:
“Magallanes es mi tierra”.
Propuso crear una industria de cine grande y moderna, que mostrara al mundo entero las bellezas naturales, las aventuras de los hombres y el clima de este sur muchas veces envuelto en las tormentas del mar, en el estrépito del viento y bajo el manto blanco que viste las cumbres de sus cerros. Expresaba:
“Anhelo ver el surgimiento de la industria cinematográfica magallánica. Esta decisión se debe sólo a motivos de gratitud y cariño por esta tierra mía. Le debo todo a Magallanes. He encontrado en sus paisajes, en su aire frío, en las rompientes del Estrecho, la inspiración para seguir”.
Este deseo de José Bohr nacía del profundo amor que sentía por el lejano terruño que había conocido desde sus primeros días. Arribó a Porvenir con sus padres y hermanos en 1904, cuando la capital fueguina era una colonia de más o menos cien habitantes. Allí se hizo amigo y socio de Antonio Radonich y formaron la firma cinematográfica que pomposamente denominaron “Bohr and Radonich Magallanes Film Co.” Con un verdadero sentimiento exponía:
“Lo he dicho y lo sigo repitiendo siempre: Soy lo que soy, gracias a Magallanes. Hoy quisiera dar de mí algo bien concreto para mi Provincia... algo más que una canción”.
Su idea de desarrollar el arte cinematográfico en nuestro territorio la manifestó abiertamente:
“Los dos primeros factores están desde ya presentes en Magallanes. Los nombres como Cabo de Hornos, Estrecho de Magallanes, Mar de Drake, etcétera, atraen por gravitación emocional propia. El paisaje mismo es de por sí un actor de primera línea. La historia abunda en temas de aventuras con todos los ingredientes que el mercado consumidor cinematográfico reclama”.
La gran pasión que sentía por nuestra tierra no solo la expresaba con palabras y hechos, sino también la demostraba en su diáfana poesía, la que adornaba con los acordes agradables de su música. A bordo del “Asturiano”, vapor de la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, compuso la canción que prendió en el corazón de los magallánicos... “El que come calafate ha de volver / a tus playas / Punta Arenas / donde anida mi querer”.