¿Qué tiene que ver el derecho con la paz?, pareciera que no mucho. A propósito de esta fecha del año me permito una reflexión al respecto considerando una pequeña gran obra del filósofo y jurista universal: don Rudolph von Ihering.
La paz, en uno de sus sentidos más conocidos es el “sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos”. Existen otras significaciones como es el caso de la paz a propósito de la eucaristía, pero nos quedamos con la señalada. Por otra parte en su obra “La lucha por el Derecho”, el autor antes citado, desarrolla su concepto acerca de derecho desde una perspectiva social y estatuye una serie de principios que se relacionan directamente con la cotidianeidad, con el día a día de las personas, en sus relaciones, considerando sus victorias y frustraciones; de esta forma reafirma al derecho en cuanto a producto social, esto es, creación de los hombres que evoluciona conforme al desarrollo de la sociedad misma.
Básicamente lo que plantea el profesor es que la lucha por el derecho implica el reconocimiento al derecho de todos y cada uno de los seres humanos que habitamos la tierra, entendiendo como derecho el conjunto de facultades o prerrogativas respecto de bienes, cosas y respecto de sí mismo. De esta forma la lucha por el derecho es la lucha permanente del jurista, del ser común y corriente, del Estado en su conjunto por asegurar el respeto de todos y cada uno de los derechos con los que cada individuo, en conjunto o en forma individual, cuentan en un momento y lugar determinado: el derecho de propiedad, el derecho a la vida, el derecho a la educación, etc…; si se falla en el reconocimiento de estos derechos, el Estado o terceras personas que se encuentran obligados a respetar y hacer respetar dichos derechos, se produce un efecto dominó, comienza en el sujeto considerado individualmente y revienta en la sociedad toda; por ejemplo: si un particular desconoce el derecho de otro no solamente se expone a una demanda, sino a que “el otro” genere en su interior una rabia, pena o impotencia que viene acompañada con el hecho de desconocer su derecho y que puede generar otras consecuencias antijurídicas. Naturalmente que el efecto de violación o no protección de un derecho es mayor si es el Estado el que debe resguardarlo y no lo hace, pues su acción alcanza a sectores importantes y numerosos de la sociedad.
Para Von Ihering, en definitiva y ahorrando a los estimados lectores una lectura que seguramente no efectuarán, la lucha por el derecho es la lucha firme y decidida por la paz, en la medida que se respetan las normas jurídicas y el derecho de cada uno existen mayores posibilidades de concordancia y construcción social conjunta, de lo contrario, como lo señala una cita de su texto “El que me niega la protección de las leyes, me destierra entre los salvajes del desierto y pone en mis manos la maza con la que debo defenderme”.