El censo y el síndrome del oreja de palo

por Ramón Arriagada5 de septiembre de 2012

No puede ser lo mismo para un estadista que la disminución de población de pueblos rurales como Futrono, Paillaco, Treguaco o Portezuelo, estén al mismo nivel de preocupación y análisis del revés demográfico de Puerto Natales, reflejado en el último Censo. Nuestra ciudad, capital de la provincia de Ultima Esperanza, con territorios que son el 10 % de la superficie de Chile, tenía el 2002, según la medición censal de ese año, 18.832 habitantes; diez años después somos menos, pues logramos reunir tan sólo 18.507 personas residentes.
Aquí el arraigo es esquivo. Sobrevivir en Puerto Natales es difícil. Es cierto, el país tampoco ha progresado en población. Nos estamos envejeciendo. Hay una alarmante acentuación de la caída poblacional. Muchos optimistas creen que Chile, ha llegado a una estabilización de su población. Claro, que pésimamente mal distribuida –como la riqueza- puesto que Santiago ya acumula al 41 por ciento de los chilenos.
Hay otros países latino-americanos que muestran estos mismos síntomas demográficos, entre ellos Argentina. Pero es una verdad dolorosa decir que ellos se han jugado por poblar sus territorios en la Patagonia. No, otra explicación tiene que la provincia de Santa Cruz, nuestra vecina, desde el año 2000 al 2010, aumentó en un 38 % sus residentes. El Calafate, ciudad base para el turismo hacia el ventisquero Perito Moreno, el año 1991, contaba con 3.940 pobladores, en el último Censo (2010) con sus 18.896 residentes, supera a Puerto Natales, ciudad base del turismo hacia el Parque Nacional Torres del Payne.
¿Qué y quiénes nos han llevado a esta inferioridad demográfica? En primer lugar la dictadura del centralismo y sus autoridades nominadas, de este gobierno y de los otros. Tozudez al pretender que también aquí el mercado todo lo regula, generando un Estado-Ausente. Leyes de excepción distribuidas al boleo con “estancos” amurallados, que generan odiosas diferencias. Obras públicas desarrolladas sólo por y para el turismo, sin considerar a los nativos, para los cuales no hay temporadas altas ni bajas; para la vergüenza regional, el aeropuerto de Natales.
Las autoridades aquejadas por el síndrome de la oreja de palo, que nada escucha, no supo que en Natales sus parturientas no podían dar a luz; no acusó recibo de la disminución de las matrículas en la educación natalina; se desentendió de cómo las grandes inversiones en la vecina Río Turbio ( Argentina) “gatillarían” la partida de muchos de sus habitantes.
A lo mejor, ahora le echarán la culpa al Censo.