Este debería ser el año de consolidación del gobierno del Presidente Piñera. Su llegada a La Moneda se produjo -
literalmente- en medio de las réplicas del terremoto. Al año siguiente irrumpió el estallido social. Está claro que, con un horizonte limitado a sólo dos años más, se espera que el Jefe del Estado actúe con firmeza y decisión.
Hasta ahora, las señales han sido equívocas. En poco más de 48 horas, esta semana, se puso en evidencia que el binominal y la reforma tributraria dividen al gobierno. El lunes en la noche, luego de una cena en el hogar de los Piñera-Morel, el sector conservador cantó victoria: el cambio del binominal no era prioridad. No lo había percibido así la oposición luego que sus cuatro ex presidentes estuvieron en La Moneda: y salieron convencidos de que sí habría cambios.
Ante este balde de agua fría, como era lógico, replicó de inmediato la oposición. Pero también lo hizo un sector importante del oficialismo. La brecha que históricamente ha separado la UDI de Renovación Nacional se profundizó cuando dos senadores de la Alianza, dos independientes y 20 opositores suscribieron un acuerdo a favor del fin del binominal.
En tanto, el Presidente atacó por otro flanco. “Se requiere un clima de diálogo, de grandeza, de colaboración, de sentido de país, de una misión de Estado. Por una razón muy simple: ninguna de las dos grandes coaliciones tienen por sí mismas la fuerza para hacer los cambios. Por lo tanto, o se ponen de acuerdo o no hay cambios.... la Concertación... nunca logró ningún avance en materia de sistema electoral, de hecho nunca se presentó un proyecto de ley para perfeccionar nuestro sistema electoral”.
La afirmación es discutible. Según el profesor Ricardo Gamboa, del Instituto de Estudios Internacionales de la U. de Chile, “revisando la base de datos del Congreso chileno se encontraron diecinueve proyectos de ley o de reforma constitucional que pretenden modificar los elementos del sistema electoral”.
El Presidente siguió adelante en su crítica: “He visto los debates de los últimos días, en que prácticamente las partes piensan o se hace todo exactamente como ellos quieren, o simplemente no se hace nada”.
La duda que se instaló fue hacia quién iban las alusiones. Podría pensarse en un nuevo enfrentamiento con la oposición. Pero obviamente también había dardos contra algunos de sus propios aliados. A juzgar por las imágenes de la noche del miércoles –en especial del presidente de la UDI, el senador Coloma- allí estaba el blanco.
Estas escaramuzas obviamente no ayudan al acuerdo con el cual el gobierno debería enfrentar este año.
Eso explica el desmesurado eco de las salidas de madre del alcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat. Primero descalificó a las ocupantes del Internado Nacional Femenino (“un puterío”), pero luego se explayó en CNN diciendo que se encontraba “completamente desilusionado” del gobierno, porque no cumplió con “nuestras expectativas ni (las) de quienes nos reventamos porque saliera elegido, ni de quienes votaron a última hora”.
No parece, por cierto, un buen comienzo para el 2012.