¿Dónde está mi país?

por Ruth SImeone | rsimeone01@yahoo.es | 6 de mayo de 2012

¿Dónde está mi país? ¿En las manos abiertas y aprendices o en los muñones del remordimiento? …¿Simplemente, en el sur? ¿Lo llevo acaso en mí? ¿Me espera en sueños? ¿En qué sueños? ¿Dónde está mi país? ¿En el invierno? ¿En la alegre pesquisa de los niños?... ¿En las huellas del pánico? ¿Está en los que no están? …. ¿en el enjambre que irrumpió en la calle? ¿En el felón impune? ¿Dónde? ¿En el pan que amanece pese a todo? ¿En la bondad endémica? ¿En el regreso de los nietos pródigos? ¿En los que vienen a morir en casa? ¿En los que nacen desvalidamente? ¿Dónde? ¿Dónde está mi país? ¿Será que estuvo y está conmigo? …(M. Benedetti).

Desde hace ya un tiempo, siento que se han ido desmoronando alrededor nuestro las certezas y seguridades que nos sostenían y que nos configuraban como una comunidad, como un pueblo singular ocupando también, un territorio singular y fantástico. Y no es la posmodernidad de la que se habla en círculos intelectuales; es algo más pedestre, es la desarticulación una a una de las piedras angulares de una ética más o menos compartida, que da paso a la enajenación de todas y cada una de nuestras riquezas, las materiales y las inmateriales. Cuando digo enajenación, lo hago en toda la amplia acepción de la palabra, es decir, que todo lo propio se nos está volviendo ajeno.

Una de esas pérdidas es la de la dignidad del trabajo. Tengo claro el momento preciso en el que aconteció esa importante enajenación, fue durante la dictadura cuando se creó el Programa de Empleo Mínimo-PEM, siendo ministro de Trabajo y Previsión Social, José Piñera Echeñique. Se trataba de una especie de subempleo institucionalizado, mediante programas especiales de absorción de mano de obra. El PEM se mantuvo prácticamente durante toda la dictadura cívico-militar, desde 1974 hasta 1988. El sueldo percibido por los trabajadores era aproximadamente un tercio del salario mínimo. Algo similar fue el Programa de Ocupación para Jefes de Hogar-POJH, un programa de empleos municipales creado en octubre de 1982 (vigente hasta el día de hoy), destinado a satisfacer las necesidades de los trabajadores desempleados. El programa se caracteriza por los bajísimos sueldos y por la ineficiencia y pérdida de tiempo durante las faenas, lo que era objeto de burlas y chistes en la época. Los principales trabajos a los cuales se abocaban eran: limpieza de plazas, pintado de muros, entre otros. Aparejado con estos programas, vigentes al día de hoy, se debilitó y casi extinguió el derecho a la sindicalización.

Efectivamente, este tipo de programas daba para bromas pero, por sobre todo, arrasó con la concepción de que el trabajo es un derecho humano fundamental e instaló en la práctica, hasta el día de hoy, la idea de que el trabajo se da, es una dádiva, una concesión de los dueños del capital. Basta decir que una empresa, aún la más depredadora y dañina, “absorberᔠmano de obra y dará un puñado de empleos por un corto tiempo, para que todas las otras consideraciones se dejen de lado, bañando de bondad la explotación inescrupulosa de los recursos naturales y de las personas.

De igual manera que con el trabajo, se nos ha despojado del derecho a la salud, a la educación, a la cultura, a la participación, a la vivienda digna, a la seguridad, a la recreación, a la información, a la previsión, etc., etc. Y se ha naturalizado la existencia de una tremenda desigualdad social y económica. Todo es mercancía, todo se compra y vende.

Duele el estómago esta vulneración impúdica de nuestros derechos y dignidad. Me duele Chile. Hiere la pequeñez de la discusión de la clase política sobre el salario mínimo. Indignan los pueriles argumentos que esgrime la hija de la dictadura, actual ministra del Trabajo, para justificar la limosna miserable que es el actual ingreso mínimo.

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