¡Digno de Ripley…!

por Jorge Abasolo | jabasoloaravena@gmail.com | 10 de octubre de 2011

Las tropelías de La Polar son parte de una pesadilla que está lejos de terminar.

Les cuento esto porque ustedes, mis queridos lectores, me sirven de tamiz a mis pesares, de contertulios invisibles pero valederos de mis vicisitudes.

Hace un tiempo fui a Tiendas Ripley y me ofrecieron un avance, eufemismo burdo con que en Chile llamamos a un préstamo con trazas de usura suprema.

Acepté 700 mil pesos. Como me atrasé en un par de cuotas la Tienda me llamó para repactar y yo -tratando de zafarme de la angustia- firmé hasta la ominosa y fatídica letra chica.

En ese mismo minuto empezó mi calvario.

¿Consecuencia? Pagaré por ese “generoso avance“ de Ripley -de 700 mil pesos- la cantidad de $2.400.000 (dos millones cuatrocientos mil pesos). Me queda el derecho de “patalear” en Sernac, trmite tan efectivo como vacunar a los muertos del cementerio o intentar un aborto con sopapo.

En un acceso de honestidad, Leandro Cortez, dirigente de la Federación de Sindicatos de Empresas Ripley, ha dicho que “a la gente nueva la están contratando con sueldo fijo y los funcionarios no lo saben. Creo que si venden más van a poder lograr mejores remuneraciones. Un engaño total”, recalca.

La empresa del retail -Ripley- es ya famosa por sus campañas publicitarias que exhiben a modelos y actrices como Cindy Crawford, Claudia Schiffer y Penélope Cruz, entre otras. Parece que la calentura -al no dejar pensar- vende como pan amasado recién salido del horno. Hasta el año 2008 “Ripley” estaba avaluada en cerca de 1.300 millones de dólares y se encuentra en el lugar 104 del ranking de empresas con mayores utilidades.

Todo esto se ha logrado con un costo que pagamos los “damnificados” por la empresa. Para la Dirección del Trabajo, Ripley es lo que llaman una empresa contumaz. Es decir, se trata de una compañía que ha sido multada en muchas ocasiones, pero que no escarmienta. Prefiere hacerle un dribbling a la normativa legal y pagar la infracción. Para ellos, esta añagaza es más “rentable” que cambiar las condiciones de sus trabajadores.

Todos los vendedores de Ripley que fueron contratados antes de la nueva ley de semana corrida tienen un sueldo variable, sobre la base de las ventas que logran. Gran parte del éxito de la compañía se refleja en este concepto: sólo en el año 2007 logró casi 940 mil millones de pesos en ventas consolidadas. Eso sí, no le interesa cualquier venta, sino preferentemente aquellas en que el cliente se endeuda. En otras palabras, cuando compra a crédito. Los jefes nos dicen que lo único que interesa es que la gente pague en cuotas. Hay que ofrecérselo y lograrlo”, relata Ruth Belmar, secretaria del sindicato de trabajadores de Ripley, ubicado en el Mall del centro de Santiago. Si el cliente compra al contado, dice Belmar, eso no les trae ningún beneficio a ellos. “Todo lo contrario. Nosotros ganamos sobre la base de las ventas, pero todo lo que sea comprado al contado se resta de nuestras comisiones. Lo que cuenta es el crédito”, enfatiza.

Razón tenía ese chico cascarrabias pero talentoso llamado Napoleón Bonaparte cuando expresó aquello de que “la corrupción rara vez empieza por el pueblo”.

¡Digno de Ripley!

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